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10 de agosto de 2017

¡NUNCA MÁS, CORREO POSTAL!

Cuando yo era chica, no había correo electrónico. Puestos en ello, casi nadie tenía computadoras, y por esos tiempos aún no había llegado Internet a Uruguay. Sí, era una época verdaderamente horrible y primitiva :-D

En fin, la cosa es que, si uno quería comunicarse con alguien del extranjero, sólo había dos opciones: llamadas internacionales CARÍSIMAS o el correo postal.

El correo postal era un verdadero incordio. Había que tener cuidado con el número de hojas que uno metía en el sobre para que no se encareciera el envío; las cartas tardaban muchísimo tiempo en llegar a destino... y no era raro que se perdieran por el camino.

Adivinen cuán feliz estaba yo cuando al fin tuve una computadora y me hice mi primera cuenta de correo electrónico. (Insertar imagen de mí bailando con maracas y música de samba.)

Obviamente, el correo electrónico golpeó bastante al correo postal, pero luego, gracias a Internet, aumentaron las compras internacionales y el envío de PAQUETES.

La cosa anduvo bien por un tiempo. Conseguí una tarjeta de débito, me hice una cuenta en Amazon y aproveché para comprar un montón de música que no estaba llegando a Uruguay. CDs, claro, porque no me gusta piratear y, por alguna razón inexplicable y probablemente estúpida, iTunes está disponible para todos los países de Latinoamérica EXCEPTO EL MÍO (ya hablaré más del asunto en otro momento).

Entonces los gobiernos decidieron que no podían permitir que la gente comprara cosas en el extranjero y enviara/recibiera paquetes con tanta alegría y facilidad.

Hace unas pocas semanas envié un paquete a mi prima Paula de España y ella me mandó un paquete a mí.

Mi paquete pesaba 500 gramos. Tuve que pagar 30 dólares de envío. 30 DÓLARES. Como si el paquete fuera a viajar en primera clase sobre el regazo de Henry Cavill y luego fuera Chris Evans desnudo a llevárselo personalmente a mi prima a la puerta. Vale, quizás esté exagerando con lo de Henry y Chris, pero 30 dólares siguen siendo un disparate. Y aunque yo soy bastante austera, tampoco me brota el dinero por las orejas.

Mi prima recibió el paquete... Y TUVO QUE PAGAR UN IMPUESTO DE 24 EUROS PARA RECIBIRLO, COMO SI MI REGALO FUERA UNA COMPRA DE MERCADERÍA IMPORTADA.

¿En serio? ¿Le hago un regalo a mi prima y el gobierno cree que tiene el derecho de cobrar un impuesto por eso? ¿NO PUEDEN SACAR DINERO DE OTRO LADO, LOS MUY CABRONES? ¿DISMINUYENDO INEFICIENCIAS Y DESPILFARROS ADMINISTRATIVOS, POR EJEMPLO? ¡¡¡AAARRRGGGHHH!!! En serio, esto es tan ridículo como si yo ahora le regalara a un niño uno de los peluches que traje de Disney World y apareciera de la nada un funcionario a cobrarle al niño un impuesto.

Pero esperen que ahí no termina la cosa, porque entonces el paquete de mi prima llegó a Uruguay... y además de la cuestión impositiva, chocó también contra una barrera de BURROcracia.

Así habría sido el proceso simple:

1. Llega el paquete a Uruguay.

2. Lo reenvían a la oficina postal más cercana a mi casa.

3. Me mandan la notificación.

4. Voy allá, inspeccionan el paquete en caso de que haga falta, pago el impuesto de mier*a.

5. Vuelvo feliz a casa con el paquete. Y ya.

Al parecer los gobernantes de Uruguay son unos tarúpidos totales o complicaron la cosa a propósito a fin de distraer a los ciudadanos de cuestiones más importantes, como el aumento en la delincuencia o el fracaso de la educación pública. En fin, que el proceso de recibir un paquete se ha convertido en esto:

1. Hay que registrarse con pelos y señales en la página web del correo uruguayo.

2. Cuando llega un paquete (ya sea que venga o no con descripción del contenido), uno debe entrar a la página web, registrar el número de seguimiento, describir el contenido del paquete, calcular el valor de dicho contenido y ver cuál será el monto del dichoso impuesto. Uno puede ampararse en un régimen por el cual se pueden recibir hasta tres paquetes con un impuesto de 5 dólares si el valor del paquete no supera los 200 dólares; de lo contrario, toca pagar un impuesto que puede llegar a ser hasta del 80% del valor declarado. (Obviamente, me amparé en el régimen de tres paquetes.)

3. Después del trámite arriba mencionado, supuestamente te mandan por correo electrónico una factura para llevar a la oficina postal más cercana y pagar allí el impuesto. No sucedió en mi caso. Después de unos días llamé para averiguar qué estaba pasando, y me dijeron que fuera yo misma a la oficina postal y que pagara el impuesto mencionando el número de seguimiento. Vaaaale. Fui hasta la oficina (que queda a 30 minutos a pie de mi casa, pero bueno, tiene un horario razonable y me gusta caminar), pagué el impuesto y me dijeron que ya llegaría el paquete a mi casa. AQUÍ TENDRÍA QUE HABER TERMINADO EL PROCESO, PERO NO.

4. Siguiendo un criterio aleatorio inexplicable, Aduanas puede retener un número de paquetes para su inspección. ¿Y qué pasa entonces? Que uno debe ir hasta la oficina de Aduanas, la cual queda algo así como en el culo de Montevideo (o sea, lejos de donde se concentra la mayor parte de la actividad burocrática de la ciudad), y encima opera en el "súper mega conveniente" horario de 10 a 16 (o sea, JUSTO EN MEDIO DEL HORARIO LABORAL DEL 99% DE LOS TRABAJADORES). Toca entonces hacer dos cosas: 1) pedir unas cuantas horas libres en el trabajo para trasladarse hasta Aduanas y hacer el maldito trámite o 2) fastidiar a alguien más para que lo haga en tu nombre. Mi paquete fue retenido. Llamé a Aduanas para preguntar si podían liberarlo, ya que era un regalo y yo no podía mandar a nadie más a buscarlo. Después de llamar unas diez veces, alguien atendió y me dijo que no, que el trámite era ése. Insistí. La persona fue a mirar y me dijo que el paquete NO estaba retenido. NO ERA VERDAD. Un par de días más tarde me llegó otra notificación para decirme que el paquete seguía retenido, y que si no iba a buscarlo en el plazo que me decían, lo perdería. Volví a llamar a Aduanas. Unas treinta veces. NADIE VOLVIÓ A CONTESTARME (un mensaje decía que el teléfono estaba "fuera de servicio"). Me enfadé tanto que golpeé una pared y me abrí la piel de los nudillos. AUCH.

5. Resignada ya a tener que ir a buscar el paquete, busqué en el mapa la localización exacta de la oficina porque EN SERIO, NO ESTÁ CERCA DE NINGÚN SITIO CONCURRIDO EN MONTEVIDEO. Esto es lo que pasa en la oficina: te mandan a una ventanilla para que digas el número de seguimiento... y luego tienes que sentarte a esperar un buen rato, porque el horario de atención es corto y se junta mucha gente muy enfadada, pero no puedes quejarte de nada porque las funcionarias enseguida te amenazan con echarte encima a los guardias de seguridad. No bromeo, pasó frente a mis ojos. Una mujer incluso se puso a llorar (por lo que entendí, la estaban haciendo dar un montón de vueltas por un paquete que ni siquiera era un envío internacional, sino local). La pobre se marchó sin haber conseguido la información que buscaba.

6. Cuando te llega el turno, te llaman para la inspección del paquete, la cual puede ser exhaustiva (lo cual te hace sentir como si fueras un criminal importando mercadería de contrabando) o, como sucedió en mi caso, tan superficial que no justifica en absoluto semejante pérdida de tiempo y dinero (sepan que en Montevideo ya no es rápido ni barato viajar en autobús). Y cuando digo superficial, me refiero a que el funcionario rasgó una esquina del envoltorio de mi paquete, vio que era la caja de un rompecabezas y cerró el envoltorio con cinta adhesiva. NI SE MOLESTÓ EN VER QUÉ HABÍA DENTRO DE LA CAJA. Pensé entonces que ojalá mi prima hubiera sido una contrabandista y me hubiera enviado, no sé, joyas antiguas que yo pudiera vender por 20.000 euros en algún mercado negro local. Claro que, si mi prima fuera contrabandista, ni ella ni yo habríamos tenido tantos problemas con el traslado y la recepción de la mercadería, porque últimamente es más fácil ser delincuente que honrado en nuestros respectivos países.

En fin, una vez terminado el dichoso trámite, y ya que había perdido la tarde en ir a buscarlo, decidí caminar de regreso a casa. "Son sólo siete kilómetros", pensé, en modo Lizzy Bennet :-P Cosas interesantes que observé por el camino:

1. Esas partes de la ciudad que no suelo frecuentar tienen también un aspecto deplorable, con aceras rotas, paredes pintarrajeadas por los vándalos, contenedores de basura desbordados y etc. ¿Dónde están todos esos millones que nos sacan en impuestos municipales? Grrrrr.

2. Varios árboles tenían carteles anunciando... MAGIA NEGRA. Con un teléfono debajo. Por un segundo pensé: "Pues me vendría bien algo de eso... ¡para maldecir a los idiotas que diseñaron todos esos estúpidos trámites postales y aduaneros que acabo de terminar!"

3. Vi un halcón de Harris sobrevolando los edificios. No me sorprendió, dado que desde hace tiempo se vienen adaptando a los ambientes urbanos.

4. Había una planta creciendo en la acera junto a la pared de un edificio. Alguien se tomó la molestia de protegerla con una rejilla. ¡Me gustaría conocer a esa persona!

5. Pasé junto a una carnicería con el nombre de... EL NOVILLO ALEGRE. Eh.. ¿en serio? En fin, asumiré que el pobre novillo está alegre porque, después de ser convertido en filetes, fue al cielo de los bovinos y se reunió con sus antepasados en una pradera verde infinita :-P

6. Vi a una señora hablando con una niña por lenguaje de señas. Primera vez que me topo con algo así.

7. Había al menos quinientas palomas alborotadas en los alrededores de un cementerio. Parecía la peli de Hitchcock :-D O era la hora de alborotarse de las palomas o había más halcones de Harris por la zona.

¿Y qué contenía el paquete que tanto me costó recuperar? Para empezar, así se veía por fuera:


Uh, qué aspecto taaan amenazador, con razón lo retuvieron en Aduanas. Podría haber contenido drogas o una bomba (sarcasmo ON). Por cierto, nótese que EN EL CUADRADO VERDE HAY UNA DESCRIPCIÓN DEL CONTENIDO. Podría haber pensado que los de Aduanas son particularmente desconfiados, pero considerando que al final NO ABRIERON EL PAQUETE, voy a asumir que son analfabetos y ya.

Desenvolví el paquete y me llevé la primera sorpresa agradable:


¡James Christensen, uno de mis artistas favoritos! ¡Yuju!

Después de eso abrí la caja y me llevé más sorpresas agradables:


¡Oh, cuántas cosas bonitas! ¿No dije acaso que mi prima sabe hacer lindos regalos y que conoce mis gustos mejor que los algoritmos de Amazon? (Si no lo dije, lo digo ahora. Pa' que conste.) Y sí, en realidad era imprescidible pagar un impuesto por todas estas cosas, porque de lo contrario se habría arruinado la economía nacional (sarcasmo ON de nuevo).

El regalo compensó todas las molestias causadas por mi estúpido gobierno, desde luego, pero de todas maneras voy a añadir lo siguiente para que encuentre este artículo la gente enfadada que escriba la frase en la casilla de búsqueda de Google:

¡¡EL CORREO URUGUAYO ES UNA MIERDA!!

Felicidades, gobierno uruguayo, han conseguido estas dos "hazañas":

1. Retroceder al siglo pasado el envío de regalos entre familias que viven en diferentes países.

2. Convencerme de NUNCA MÁS USAR EL CORREO POSTAL. Y LO MISMO PARA MI PRIMA. De ahora en adelante nos enviaremos regalos digitales, o nos pasaremos cosas cuando viaje algún pariente, o crearemos un imperio del contrabando para hacernos regalos en forma más simple y de paso evitar a otras personas todos estos dolores de cabeza.

Aparte de eso, doy gracias porque ahora puedo comprar música digital en Google Play Music, dado que la importación de más CDs queda descartada. La vida es demasiado corta como para complicársela sin necesidad. Digo, no podemos evitar la muerte, los impuestos y la estupidez humana, pero hoy en día hay libros y música digitales, las únicas cosas que compro fuera del país porque a Uruguay no llegan (o sea, de acuerdo a mis gustos).

Y ahora me voy a disfrutar de mis regalos tan dificultosamente obtenidos :-P ¡Gracias por enviármelos, prima Paula! :-)

G. E.

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6 comentarios:

  1. Justo en un entrada que guardo hablo de ésto pero sin sarcasmo ja... Lo positivo es que viste una parte de la ciudad que no conocías casi... 70 cuadras caminaste?? Suelo hacerlas, pero ya nadie camina tampoco 😏

    Los regalitos parecen muy lindos... Saludos 🙋

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    1. Ponme el enlace a tu entrada, si lo tienes a mano. Es que, en serio, qué ganas de incordiar con la BURROcracia. No sé cuántas cuadras fueron, no las conté. Me tomó una hora y media llegar a casa, aunque he de hacer notar que mido 1,50, y por lo tanto no tengo piernas largas :-D Y sí, los regalos están muy lindos :-) ¡Saludos y gracias por comentar!

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  2. ¡Hola!
    El correo en mi país también es una mierda. Dan demasiadas vueltas, te hacen perder tiempo, paciencia y plata por una simple caja. Me sentí muy identificada en casi toda la entrada.
    Espero que el regalo lo haya compensado un poco y que la entrada te haya servido para descargarte, jajaja.
    Un beso <3

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    1. ¡Gracias por el comentario! Uf, ¿a ti también te dan la lata? ¿Qué es esto, una estrategia para hundir su propio negocio? NO LO ENTIENDO. Pero sí, el regalo compensó todos los problemas y la escritura me sirvió para largar el vapor acumulado en mi caldera mental :-D Sin embargo, ¡sigo firme en mi postura de no volver a enviar o recibir nada! Que les den. ¡Besos! :-)

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  3. Me he reído MUCHO leyendo tu relato XDDD
    Por otro lado sí, los envíos por Correos son una mierda bien gorda... Y los envíos urgentes más aún, ¡al menos aquí en España!
    Lo de la plantita protegida por una rejilla me ha llegao a la patata <3 Yo suelo hacer fotos de plantitas supervivientes que crecen en aceras, muros y entre la basura (#YoRebroto que las llamo).
    En fin, que me alegro de que AL FIN lograras recuperar tu paquete ^^ Un saludo!

    Ushi from Ooak Craft
    www.ooakcraft.es

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    1. ¡Me alegra haberte hecho reír! Sí, lo del correo parece ser una pesadilla en más de un país últimamente. No entiendo la lógica detrás de tanta complicación. ¡Pero ahora quiero ver tus fotos de plantas supervivientes! Me he apuntado a tu sitio. ¡Gracias por la visita, y un abrazo!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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