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31 de enero de 2016

PERSONAS DEL PASADO QUE TRAERÍA AL PRESENTE

Hubo muchas personas en este mundo que nacieron en la época equivocada. Si pudiera, iría al pasado y traería a muchas de ellas al presente, para salvarlas del destino horrible que sufrieron. Otras sí nacieron en la época adecuada, pero sería interesante traerlas a esta época para que se deleitaran con las novedades.

Por ejemplo...

HIPATIA DE ROMA - Hipatia era una mujer muy lista que al parecer fue asesinada por intervenir en un conflicto político. Seguro que en esta época habría sido una gran académica y se habría postulado para senadora o incluso presidente.

AMADEUS MOZART - Pobre Mozart. Fue un niño genio explotado que más adelante murió en la miseria. Lo traería al presente y lo mandaría a Hollywood, a componer bandas sonoras de películas. Estaría a la altura de Ennio Morricone, Hans Zimmer y John Williams. Y de paso, le encantaría saber que su música se sigue tocando en la actualidad y que ha habido numerosos festivales dedicados a él.

LUDWIG VAN BEETHOVEN - Otro pobre músico talentoso pero muy desgraciado. En esta época le habría ido mejor con su carrera y habría sufrido muchísimos menos problemas de salud (o como mínimo habría conseguido mejor atención médica). A Ludwig lo mandaría a Europa, para que conociera a mis dos compositores favoritos de metal sinfónico: Mark Jansen y Tuomas Holopainen :-D (Es que tengo la impresión de que Ludwig habría sido un buen rockero.)

JANE AUSTEN - OK, Jane Austen no tuvo una mala vida, pero en sus libros hacía notar que una mujer en su época no era la gran cosa sin un buen marido al lado. Supongo que, hoy en día, le gustaría ver que hay muchísimas mujeres que han conseguido el éxito por mérito propio, y que son admiradas en la sociedad debido a sus logros, incluso en las ciencias de todo tipo.

JULES VERNE - Este señor no sólo era un escritor brillante, sino que también adoraba los adelantos científicos. Estaba al tanto de todo lo que se publicaba sobre el tema en su época, y así logró predecir en sus historias muchas cosas que hoy tenemos en la actualidad, como los submarinos nucleares o los viajes al espacio exterior. ¿Se imaginan su entusiasmo ante algo tan simple como un smartphone? ¿O todos esos datos que nos han llegado recientemente sobre Marte y Plutón? ¡Seguro que saltaría de gusto!

OSCAR WILDE - Otro escritor brillante. Fue condenado por su homosexualidad. Si lo trajera a esta época, lo mandaría a Broadway, a escribir obras de teatro y musicales.

ROBERT E. HOWARD - Fue el creador del famoso Conan. Se suicidió a los 30 años tras la muerte de su madre. Antes de eso había sufrido muchas burlas porque era delgadito, pero luego se puso musculoso y las personas dejaron de burlarse :-D En fin, lo traería a esta época junto con su madre, quien murió de tuberculosis. Es que no se sabe si Robert se suicidó por un trastorno depresivo o por el estrés relacionado a la enfermedad de su madre; en cualquier caso, ambos recibirían la medicación correspondiente, ¡y entonces Robert podría escribirmos más aventuras de Conan! (o sobre cualquier otro personaje que inventase).

JACK LONDON - Jack London fue el autor de Colmillo Blanco y otros libros con animales como protagonistas. También fue explorador en la corrida del oro del Klondike (¡igual que el Tío Gilito de Disney!). Tuvo una vida difícil y corta pero productiva. Me gustaría traerlo al presente porque él hacía mucho activismo por los animales. Seguro le encantaría conocer a la gente de Greenpeace u otras organizaciones por el estilo. Y como no le gustaba ver animales en los circos, lo llevaría a una función del Cirque du Soleil.

ABRAHAM LINCOLN Y MARTIN LUTHER KING - Ambos lucharon contra la esclavitud y el racismo. Seguro les gustaría ver que al fin su país ha tenido un presidente negro. Claro que... probablemente también se decepcionarían al ver la creciente popularidad que en estos momentos tiene el cretino de Donald Trump.

WALT DISNEY - Walt Disney es otro que tuvo una vida productiva en su época, pero quisiera traerlo al presente para que conociera a John Lasseter, el fundador de Pixar y actual jefe creativo de Disney y Pixar. Walt alucinaría con la capacidad actual para la animación y la creatividad de películas como Up o Ralph el Demoledor. Le haría feliz ver que su compañía sigue en pie y produciendo éxitos multimillonarios.

MARIE CURIE - Ella nació en la época correcta y su investigación cambió montones de cosas en el mundo de la medicina. Sin embargo, ojalá pudiera traerla un rato al presente para que viera todas las aplicaciones actuales de las sustancias radiactivas (bueno, salvo las bélicas). Quedaría feliz de la vida.

ALBERT EINSTEIN - Eh, Albert, mira, ¡tenías razón sobre las ondas gravitacionales! ¡Felicidades! ¿Ahora quieres ir a ver el gran colisionador de hadrones? Ah, y de paso te presentaré a Stephen Hawking :-D

EDGAR ALLAN POE - Ay, Edgar. Al parecer no lo apreciaban en su época porque escribía para un público demasiado inteligente (o al menos eso le dijo su editor para justificar lo poco que le pagaba; espero que fuera ésa la razón y no simple tacañería). Como sea, este señor escribía unos relatos estupendos y murió prematuramente a causa del alcoholismo. Lo traería ya mismito al siglo XXI.

Ven, Edgarcito. Te llevaré a una reunión de Alcohólicos Anónimos, para que esta vez consigas morir de viejo y no por borracho. Luego iremos a ver a Stephen King y te enseñaré a autoeditarte en Amazon.

¿A quiénes traerían ustedes al presente?

G. E.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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