El bailarín le robó un beso. Ella estaba determinada a odiarlo. Las circunstancias no cooperaron. (Haz clic en la imagen para bajarte el relato gratuito, en formatos EPUB y MOBI, junto con el fondo de pantalla.)

14 de septiembre de 2015

COSAS QUE NOS VENDRÍAN BIEN A LOS ESCRITORES

Hay muchas cosas que nos vendrían bien a los escritores profesionales, dejando de lado de las cuestiones básicas como mayor respeto, mejor paga y más comentarios en las páginas de venta en Amazon (la lista completa de cuestiones básicas está aquí; léanla si quieren saber cómo apoyar a sus escritores favoritos). Me refiero a pequeñeces de tipo absurdo-mágico que, al menos a mí, me resultarían de enorme utilidad.

Para empezar me gustaría que, por algún milagro cósmico, los libros pasaran a tener tanta importancia como el cabello. ¿Han visto las propagandas en la tele? ¡Gran parte de ellas hablan del pelo como si fuera la clave de la felicidad! (Ya he dejado claro, en esta otra entrada, que no lo es, pero los publicistas siguen dale que dale con el asunto.) De los libros casi no hay propagandas porque no son de consumo masivo como el champú. ¡Pero deberían serlo! Además, ¡los libros sí traen felicidad y salud mental! Si en las propagandas de la tele se hablara de libros tanto como del champú, no presionaría tan a menudo el botón de silencio del control remoto.

También quisiera unos bolígrafos a los que nunca se les terminase la tinta o se trabasen. De acuerdo, hoy en día tenemos computadoras, pero yo siempre ando con bolígrafo y papel a mano en caso de que se me ocurra una idea, y es súper mega híper molesto cuando el boli no funciona. Grrrr.

A veces se me ocurren ideas en plena noche. Encendería la luz para anotarlas, pero como tengo problemas de insomnio, encender la luz podría quitarme el sueño, y entonces pasaría despierta tooooooda la madrugada. Una lata. El problema es que ¡a la mañana casi nunca recuerdo las ideas! Entonces, otra cosa que quisiera es una especie de chip de memoria más fiable que las neuronas, así guardaría en él las ideas nocturnas y a la mañana las recordaría sin problemas.

Y hablando de sueño, en realidad sería mejor que lo de dormir fuera opcional para las escritores. Son ocho valiosas horas que podríamos emplear creando el doble o triple de novelas.

Todos los escritores perfeccionistas nos quejamos de esos malditos errores tipográficos que sólo se detectan después de haber publicado el libro. En serio, son odiosos. Por lo tanto, debería existir una especie de robot infalible a la hora de detectarlos (y no me vengan con que existe el corrector de Word; el corrector de Word es analfabeto y no distingue "hasta" de "asta" ni "ciudad" de "cuidad", por ejemplo).

Tampoco estaría mal un robot que haga traducciones impecables, dado que los traductores humanos son caros y Google Translate no traduce sino que hace desastres. Google Translate sólo sirve para palabras sueltas (con suerte) o para jugar a traducir cuentos de hadas, con resultados hilarantes :-D

Nunca he ido a ver a una adivina, pero sé que me encantaría tener una bola de cristal para predecir cuál de mis numerosos proyectos tendrá más éxito. Eso me permitiría priorizarlos y conseguir, ¡por fin!, que mi trabajo como escritora fuera rentable.

Diseñar la portada para un libro suele ser caro o tomar tiempo, al menos cuando se hace bien (incluyendo la parte de no violar derechos de autor ajenos cuando se trata de fotografías o ilustraciones). Si usas una buena fotografía, en general tienes que pagarla, y si quieres una ilustración, también tienes que pagarla o hacerla tú mismo. Como los escritores solemos ganar muy poco, raras veces podemos costear gastos extra, y diseñar las portadas uno mismo consume un tiempo que tampoco nos sobra. Por lo tanto, yo quisiera un tercer robot que hiciera las portadas por mí, de tal manera que reflejaran lo mejor posible el contenido de cada libro. Eso me permitiría dedicarme solamente a escribir y maquetar, actividades que me resultan mucho más fáciles y entretenidas :-D

Y por último, me encantaría tener un duende que limpiara mi casa cuando estoy trabajando. El maldito polvillo vuelve a depositarse en los muebles, y yo prefiero sentarme a escribir antes que pasar la aspiradora ¡otra vez! (es una maldita labor de nunca acabar). Al duende lo llamaría Dobby, y me aseguraría de que fuera un duende libre asalariado. Es que a mí no me va lo de explotar a los empleados, a diferencia de esos malditos administradores de webs piratas que lucran con el trabajo de los escritores sin darnos nada a cambio.


Si algún colega escritor ha conseguido alguna de las cosas arriba mencionadas, ¡que me avise, porfis, para conseguirlas yo también! Lo recompensaré con una barra de mi chocolate favorito y un paseo en dragón :-)

G. E.

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