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8 de septiembre de 2015

OH MY GOD! DIGO, OH MY NOAH!

[ADVERTENCIA: Este artículo es un spoiler de principio a fin con observaciones irónico-sarcásticas, así que vayan a ver la película Noé antes de leerlo.]

De niña tuve una educación religiosa cristiana. Abandoné la religión por la cuestión sexista, pero bueno, lo que cuenta para este artículo es que estoy bastante familiarizada con la Biblia, y de entre todas las historias, una de mis favoritas es la de Noé.

He visto varias películas basadas en la Biblia, incluyendo las versiones animadas sobre la vida de Moisés (El príncipe de Egipto) y José (del mismo estudio de animación). En cuanto a Noé, mi versión favorita venía siendo la de Steve Carell (Evan Todopoderoso), que no es precisamente la historia de Noé pero sí tiene barbas, túnicas, un arca llena de animales y una inundación :-D

Y luego me topé en el cable con la versión de Darren Aronofsky, el mismo director de Cisne negro. ¡Para qué!

En la Biblia, la historia de Noé es bastante simple. Resumiendo: Dios va a decirle a Noé que la humanidad es un asco pero que a él lo considera bueno, entonces le ordena que haga un arca (le da las medidas y todo), que meta en ella a los animales y suficiente comida, y que entre al arca con su familia (esposa + tres hijos + tres nueras) cuando empiece la inundación. Luego llueve por cuarenta días y cuarenta noches, la tierra permanece inundada unos diez meses, baja el agua, el arca toca tierra, todos salen de ahí, final feliz (al menos hasta ahí, porque luego hay un episodio medio confuso sobre un Noé embriagado y uno de sus hijos que lo ve en pelotas, lo cual al parecer era un tremendo pecado digno de maldición).

Haz el arca y salva a los animales y a tu familia.
Quiero lanzar la versión 2.0 de la creación.
Y sí, es de mala educación apuntar con el dedo, pero yo soy DIOS.

[Por cierto, hay una canción donde dice que Dios le indicó a Noé específicamente que no se olvidara de sus preciosos unicornios, pero Noé se olvidó y es por eso que hoy en día no los tenemos. Estúpido Noé olvidadizo. Menos mal que no se olvidó de los pandas y los pangolines. Y supongo que tampoco de los minions.]

Ya ven, a diferencia de otros héroes bíblicos, Dios no le complica mucho la vida a Noé. En lugar de largarle un "¡¡YO SOY EL QUE SOY!!" desde una zarza ardiente como a Moisés, o de mandarle sueños crípticos como a José (José resultó ser bastante bueno para descifrarlos, sin embargo), o de hacerle la vida de cuadritos como al pobre Job, a Noé le da una orden fundamentada y con manual de instrucciones. Y supongo que Noé, conociendo la historia de Adán y Eva, decidió que mejor sería cumplir dichas instrucciones al pie de la letra, porque en la Biblia no dice que haya protestado ni nada.

Pero claro, el problema con la historia es que no tiene conflicto, lo cual es mortal para la estructura narrativa, ya sea que hablemos de libros o películas.

Y ahí es cuando aparece la película de Aronofsky.

Antes que nada, he de decir que me gustó Cisne negro. De acuerdo, el director de la compañía de ballet es un completo imbécil a quien sus propios bailarines asesinarían si fuera real, y al personaje de Natalie Portman le encajaron una lista de desórdenes psicológicos que ni siquiera son compatibles entre sí. Sin embargo, la película es espeluznante, tiene bonitos trajes de ballet y en cierto modo es entretenido ver cómo se autodestruyen las dos bailarinas psicóticas (no me vengan con que esto es un spoiler, la película ya tiene sus años).

Me senté a ver Noé. Primera desviación del relato bíblico: la narración al principio de la película habla de unos ángeles caídos que se convirtieron en los Vigilantes. Oh, vale. Podría resultar interesante, pensé.

Empieza con el asesinato del padre de Noé a manos de su tío lejano Tubal-caín (descendiente de Caín). Noé huye. Años después consigue esposa, tiene hijos y luce un poquito barrigón para la dieta macrobiótica-vegetariana que aparentemente lleva, pero bueno, eso lo dejé pasar porque no considero que los actores tengan que andar subiendo y bajando a lo loco de peso según la película que estén filmando en ese momento.

Ahí es cuando las cosas se empiezan a poner raras. Noé tiene un sueño sobre la destrucción mundial, una vez más tiene que huir de su malvado tío (ahora que lo pienso, hay muchos tíos malvados en la ficción; diría que mi favorito es el león Scar), y de pronto llega con su familia a un páramo calcinado donde se encuentra con un montón de criaturas que parecen una cruza entre los ents de Tolkien y el gigante de piedra de La historia interminable. Estos ¿gólems? son los ángeles caídos que quedaron atrapados en piedra por bajar a ayudar a la humanidad después del destierro de Adán. Algo así como el mito de Prometeo, pero sin buitres devorando hígados todos los días.

Ah, por el camino encuentran a una niña huérfana y herida llamada Ila, y la esposa de Noé, quien al parecer tiene visión de rayos X o algo así, inmediatamente declara que la pobrecita va a sobrevivir pero nunca podrá tener hijos.

En fin, uno de los ents de piedra Vigilantes decide ayudar a Noé. Mientras tanto, Noé va a buscar a Matusalén, quien es famoso en la Biblia no por algún logro en particular, sino por haber vivido más que cualquier otro humano en el planeta. Quizás esto se debiera a su a dieta hipocalórica con bayas antioxidantes (el personaje aclara que le gustan las bayas; tal vez sea una indirecta para promocionar el consumo de arándanos). O quizás tuviera buena genética y punto. Mi abuelo vivió noventa y pico de años sin ningún cuidado en particular, aunque al menos no fumaba.

Entre Matusalén y Noé consiguen descifrar el sueño (en esa época aún no había nacido José, así que no podían consultarlo con él), la cuestión del arca, los animales y etc. Repito: en la Biblia va Dios y le da él mismo las instrucciones a Noé, pero quizás Aronofsky decidió que sería mejor alargar la escena de esta manera (tenía que llenar dos horas de película con una historia que en la Biblia apenas ocupa tres páginas). Vaaale. Entonces Gandalf Galadriel Matusalén le da a Noé una semilla del jardín del edén, la cual crea todo un bosque con arroyos a los cinco minutos de plantada. Menuda semilla, ¿eh? Si tuviéramos unas pocas de ésas, restauraríamos la Amazonia en un plis plas y la industria maderera pronto tendría una sobreoferta de producto.

¿En dónde estaba? Ah, lo de las instrucciones. Noé entiende que tiene que salvar a la especie humana y a todas las especies animales de la destrucción. Por cierto, en esa época no había tantos humanos. Habría sido mucho más práctico para Dios mandar un simple virus mortal y vacunar a Noé y a su familia en lugar de inundar todo el planeta y salvar a los animales y humanos en un arca. Pero bueno, el Dios de la Biblia no se caracteriza por buscar la solución más sencilla a los conflictos. Típico de los dioses (para entender mejor el asunto, leer el libro Dioses menores, de Terry Pratchett).

Pasan los años, el arca está a medio construir y ahora todos los Vigilantes se han sumado a la tarea (esa escena está mil veces mejor en la película Evan Todopoderoso, por cierto; los animalitos se ofrecen como asistentes en la construcción). El hijo mayor de Noé se ha enamorado de Ila (quien asume el diagnóstico de su madre adoptiva sin molestarse en consultar a un ginecólogo de verdad... oh, esperen, en esa época no había ginecólogos, perdón). Mientras tanto, empiezan a llegar los animales, y el hijo del medio (Cam) se queja de que todos tienen pareja menos él y su hermanito menor. Conste que Cam es apenas un adolescente en la película, demasiado joven para pensar en chicas, así que queda como un crío refunfuñón con complejo de hermanito del medio ("¡¡Sem tiene novia pero yo no, buaaaa!!").

En medio de todo ese rollo familiar vuelve Tubal-caín en plan villano de Waterworld (y otro poco en la onda de Saruman, porque sus guerreros recuerdan a los uruk-hais, todos gruñones y desprolijos). "El arca va a ser mía, blablablá." Un plomazo. Los Vigilantes lo mantienen a raya.

Los animales siguen llegando... y la familia los pone a dormir con droga. WTF??? No, en serio, les pasan un incienso que los duerme (cosa que tampoco aparece en la Biblia). Aquí yo pensé: "La construcción aún no ha terminado, pero ¿ya están entrando a los animales y anestesiándolos para el viaje? Eso se hace en el último momento, lo sabe cualquiera que transporte animales." A Noé le habría venido bien un veterinario para asesorarlo sobre estas cosas, aunque lo de esperar a terminar el arca para encerrar a los animales era de simple sentido común.

Mientras Cam sigue con el rollo de que quiere una novia, Noé sueña que está en el campamento de Tubal-caín, ve cosas feas y concluye, sin que Dios le diga nada en concreto sobre el asunto, que el plan es destruir a toda la humanidad y que su labor es salvar solamente a los animales (en plan activista de PETA). Cuando la esposa de Noé se entera, va a charlar un ratito con Gollum Matusalén en su cueva. Más tarde, Matusalén baja a buscar bayas y consigue curar la infertilidad nunca confirmada de Ila. Lo hace con un simple toque de sus manos. Vaaale. (En la Biblia nunca se menciona que Matusalén tuviera poderes de sanación, pero a estas alturas la película ya ha mandado la Biblia al carajo, así que también lo dejé pasar.)

Cam encuentra una chica en el campamento de Tubal-caín y la convence de ir con él. O sea, iba en busca de esposa como quien va al supermercado. Ni una cita le pidió, qué desconsiderado. ¡Hombres!

Y por fin empieza a llover (lo que yo venía esperando hacía rato, porque a estas alturas me estaba aburriendo bastante). La novia-futura-esposa de Cam pisa una trampa, Noé agarra a Cam y deja que la chica muera atropellada por el ejército de Saruman Tubal-caín, entran al arca y hay una batalla mientras el agua cae del cielo o brota de la tierra (la escena se parece mucho a la inundación de la torre de Saruman en El Señor de los Anillos: Las dos torres). Los ents de piedra Vigilantes son destruidos y los ángeles regresan al cielo. Tubal-caín se cuela al arca, el resto de la humanidad muere (esto último es lo único que encontré relevante para la película: a la familia escuchando cómo muere la gente en el exterior, onda película Titanic).

En cuanto a Gollum Matusalén, él muere ahogado después de haber encontrado por fin una baya (¡¡miiii precioooosa!!).

Bien, por fin están todos en el arca, con los animales dormiditos (era bueno el incienso anestésico; me vendría bien para el insomnio). Y ahí es cuando las cosas se empiezan a poner todavía más raras (tal vez Aronofsky fumó algo en este punto de la escritura del guion). Noé se entera de que Ila está embarazada y entra en una especie de colapso nervioso. De nuevo, sin que Dios le haya dicho nada en particular sobre el asunto, Noé decide que si el bebé es niña, va a tener que matarlo para asegurar la extinción de la humanidad.

Los meses pasan. Mientras tanto, nos enteramos de que Tubal-caín está vivo y al cuidado de Cam. Como para resaltar el mensaje ambientalista-animalista al estilo PETA, al villano lo muestran devorando animales. O sea, extinguiendo especies, porque sólo había dos de cada uno. (Los animales siguen durmiendo, por cierto. Una vez más: pavada de incienso anestésico.) Hijoputa antiecologista, pensé yo. Y eso que no estoy a favor de PETA, pero tampoco me parece bien extinguir especies por no querer comer verduras.

Ila y Sem pretenden escapar, pero Noé, quien a estas alturas ya está tan psicótico como Jack Nickolson en El resplandor (o como Natalie Portman en Cisne negro pero sin el tutú), les quema el bote. Ila empieza el trabajo de parto. Noé descubre a su tío en el arca, pelean, Cam mata a Tubal-caín. Y como Noé sigue psicótico, pretende matar a las gemelas de Ila, pero se arrepiente en el último momento (porque claro, Aronofsky tiene que ceñirse un mínimo a la Biblia; además, matar bebés o niños es tabú en las películas norteamericanas).

Durante todo este tiempo, yo había estado deseando que alguien empujara al psicótico Noé por la borda. Sabía que no iba a pasar, pero lo habría hecho yo misma si hubiera tenido que pasar todo un maldito año en el arca con semejante plomazo agorero.

Hacia el final de la película (¡por fin estaba terminando!), Noé degenera en un borrachín deprimido, creyendo que le ha fallado a Dios, hasta que Ila le dice que tal vez Dios lo perdonó por haber sido misericordioso. En la Biblia esto va más o menos así: Dios dice que el ser humano sigue siendo una porquería, pero que él no volverá a destruir el mundo (es que es como formatear la computadora e instalar todo de vuelta: un rollo patatero). "Y aquí les pongo un arco iris en el cielo como promesa de que nunca volveré a destruir mi creación, sin importar que en el futuro vayan a ocurrir dos guerras mundiales, una masacre por parte de Estado Islámico y un calentamiento global por emisiones de dióxido de carbono."

Oh, y el episodio sexualmente confuso con el hijo del medio queda bastante diluido, y Cam se va simplemente porque ya no se siente a gusto con su complicada familia (al parecer tampoco tenía ganas de que crecieran las hijas de Ila para casarse con una de ellas, lo cual habría sido bastante pervertido de todas maneras).

Fin de la película. En cuanto a mí, aparte de haberme aburrido durante dos horas y pico, quedé más o menos con esta cara:

OMG WTF??

Me quedo con la película Evan Todopoderoso.

G. E.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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