El bailarín le robó un beso. Ella estaba determinada a odiarlo. Las circunstancias no cooperaron. (Haz clic en la imagen para bajarte el relato gratuito, en formatos EPUB y MOBI, junto con el fondo de pantalla.)

13 de octubre de 2013

¡OKTOBERFEST 2013! ¡SALUD! ¡HIP!

¡Y volvió la Oktoberfest! ¡Yipi! Este año cambiamos de destino por tercera vez... ¡quedándonos en Uruguay! ¿Recuerdan mi paseo a Casapueblo? Pues resulta que este año se celebró la Oktoberfest en el Hotel Conrad, así que ahí nos colamos mi dragón y yo. Fue fácil, dado que ingresamos por aire :-D (Bueno, más bien estuvimos a punto de estrellarnos en la piscina, pero Donald frenó a tiempo y evitamos quedar ensopados.)

En el hotel había, principalmente, argentinos y uruguayos. Ahora que lo pienso, es una pena que no vivan más alemanes en Uruguay, para que contagiaran a los ciudadanos de mi país su famosa puntualidad. En serio, que en Uruguay la puntualidad es tan rara que hasta yo me he cansado de ser puntual, porque luego tengo que esperar a todo el mundo :-P Como sea, tanto los argentinos como los uruguayos ya estaban bastante ebrios cuando mi dragón y yo caímos de sopetón en la fiesta, y aunque la mayor parte de las conversaciones sonaban divertidas, también hubo unas cuantas disputas porque el gobierno de Uruguay no se lleva nada bien últimamente con el gobierno de Argentina :-D Menos mal que mi Donald fue una buena distracción, o la cosa podría haber acabado en un incidente de proporciones internacionales.

Al final sí nos tiramos a la piscina, aprovechando el tiempo primaveral. A mí tuvieron que rescatarme cinco minutos después (no soy buena nadadora estando sobria, mucho menos llena de cerveza), mientras que Donald salpicó agua a diestra y siniestra. Un rato más tarde (mientras yo coqueteaba con un argentino guapísimo), ¡mi dragón había desaparecido! Salí corriendo a buscarlo. No estaba en el hotel, tampoco en los alrededores del mismo. Tras mucho buscar, me encontré con este panorama:


Si yo no nado bien tras beber mucha cerveza, pues mi Donaldito tampoco vuela bien estando borracho :-D El policía se vio en un aprieto, sin embargo: está prohibido que los automovilistas conduzcan bajo la influencia del alcohol, pero el Código Penal no dice nada sobre el castigo a dragones que vuelan en estado de ebriedad. Mi dragón iba a llevarse, pues, una multa por imprudencia y destrucción de propiedad ajena, pero entonces el poli me vio llegar y no tardó en endilgarme el papelito, condenándome a mí a pagar los 3.000 dólares. ¿Cargo? ¡Tenencia irresponsable de mascotas! (No pienso desembolsar ni un dólar o peso uruguayo. Le descontaré ese dinero a mi dragón del sueldo que cobra por espantar palomas en el aeropuerto.)

En fin, ya no había manera de regresar a la fiesta (Donald no podía volar y el guardia de seguridad no quiso dejarlo pasar por la puerta), de modo que nos fuimos a la playa donde TAMBIÉN había gente celebrando la Oktoberfest :-D Nos quedamos ahí hasta las 5 de la madrugada. Terminé con arena hasta en la raya del trasero (no me pregunten cómo, no lo recuerdo).

Para terminar, sólo puedo decir que... ¡fue otra Oktoberfest estupenda!

G. E.

PD: Le pegué el cuerno roto a Donald con una resina epoxi. Esa cosa pega todito.

FRAGMENTO DE EL DRAGÓN DE PIEDRA

Estaba tendido boca arriba sobre un pasto muy suave. Pensó que había soñado el episodio del dragón, pero cuando se incorporó y miró los alrededores, se dio cuenta de que no reconocía el paisaje.

Había ido a parar a un valle rodeado de montañas. Si lo había traído el dragón de piedra, eso aún tenía que confirmarlo, pero aquel sitio era real.

Entonces escuchó unos gorjeos detrás de él, y al darse vuelta se llevó otra gran sorpresa.

Un pequeño dragón, éste sí de carne y hueso, lo miraba con curiosidad. Era de color verde metálico, con ojos y garras púrpura, y agitaba su cola igual que un perrito. Parecía amigable. Feidos extendió una mano hacia él.

—No haría eso si fuera tú —dijo una voz femenina en alguna parte—. Incluso de bebés son bastante traicioneros. Vamos, pequeño, vuelve a casa. Casa, casa.

El dragoncito movió la cabeza y luego se marchó al trote. Tenía las alas demasiado pequeñas para volar.

4 comentarios:

  1. Bueno, lo importante es que todo acabara bien para ambos y siguiera la fiesta en otra parte. La próxima vez ya sabéis que no tenéis ni que nadar ni volar jajaja

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    1. Si tomáramos todas las precauciones, no sería divertido :-D Oye, ¡vente con nosotros la próxima vez, que los líos en grupos grandes son más divertidos! Besos y gracias por el comentario.

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    2. Cuenta conmigo! Y con mi Acho! Un abrazo!

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    3. ¡Estupendo! ¡Abrazos para ti también! :-)

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