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15 de julio de 2012

COSAS QUE DIRÍA A MI YO ADOLESCENTE

Es una verdad universalmente reconocida que la adolescencia es, en general, un ASCO. El cuerpo empieza a cambiar sin permiso, aparecen el maldito acné y la maldita menstruación (bueno, esto último sólo para las chicas), uno tiene que iniciar la aburridísima educación secundaria, y las relaciones personales, que eran bastante simples en la niñez, se complican de lo lindo.

Yo odié mi adolescencia. En serio, no la extraño para nada. Ningún aspecto de ella. En absoluto. Encima, tuve que aguantar bastante bullying (aunque hace un tiempo conseguí vengarme de los abusones en este blog).

¿Han visto esa película donde Bruce Willis es un adulto amargado y de pronto aparece en su vida un niño que resulta ser él mismo? Bueno, pues a mí me gustaría hacer algo parecido, pero que mi yo adulta (con más cabello que Bruce Willis, obviamente) apareciera junto a mi yo adolescente para darle una serie de instrucciones sobre cómo sobrellevar la maldita adolescencia. La cosa iría más o menos así:

[Mi yo adolescente va caminando por Montevideo y de pronto se cruza con mi yo adulta... acompañada por mi dragón. Mi yo adolescente se detiene en seco y nos mira con ojos como platos.]


YO ADULTA: Hola, Gissel. Soy tú en el futuro. He venido a asesorarte un poco para que tu adolescencia no sea tan espantosa como la mía.

YO ADOLESCENTE [todavía con cara de estupefacción]: ¿¿Qué qué qué??

YO ADULTA: Ven, vamos a tomar un helado a La Dolce Vita. Extraño esa heladería desde que cerró.

[Mi yo adolescente pone cara de horror.]

YO ADOLESCENTE: ¿Qué? ¿¿VA A CERRAR LA DOLCE VITA?? ¡¡Nooooooo!!

YO ADULTA: Ay, sí, lo siento. Pero no te preocupes, no voy a darte sólo malas noticias. La heladería va a cerrar para dejar sitio a un videoclub, pero más o menos por esa misma época empezarán a vender helado en el supermercado, y podrás guardarlo en el freezer.

YO ADOLESCENTE: Mi heladera no tiene freezer.

YO ADULTA: Tu futura heladera sí tendrá freezer. Te va a encantar. ¿Vamos ya a por ese helado? Yo invito.

YO ADOLESCENTE: Oh. ¡De acuerdo! [Estaba segura de que mi yo adolescente no se iba a negar a tomar un helado en La Dolce Vita. Era una de sus actividades favoritas.]

[Ya sentadas en la heladería, chupeteando nuestros respectivos helados, continuamos la charla de esta manera:]

YO ADOLESCENTE: Yyyyyyyy... ¿qué tan espantosa será mi adolescencia como para que hayas venido hasta aquí para asesorarme? Y por cierto, ¿cómo llegaste hasta aquí? ¿En un DeLorean? ¿Y de dónde rayos salió ese dragón?

YO ADULTA: El dragón se llama Donald. ¡Y es mío! O sea, nuestro. Llegué aquí por la magia de mi blog.

YO ADOLESCENTE: ¿Qué es un blog?

YO ADULTA: Un blog es una especie de diario personal que escribes en Internet para que lo lea gente de todo el mundo.

YO ADOLESCENTE: ¿Qué es Internet?

YO ADULTA: ¡Oh, es una de las cosas que te van a encantar del futuro! Claro que te va a encantar aún más cuando te pases a una conexión ADSL, porque las conexiones por módem discado serán molestísimas y caras. En fin, sé que ahora te molesta no tener suficientes libros de ficción ni enciclopedias, y que la gente a tu alrededor no sea lo bastante lista como para responder tus dudas de cerebrito. Todo eso se acabará en el futuro. Habrá computadoras conectadas entre sí, llenas hasta el tope de información de todo tipo. ¡Podrás despejar tus dudas científicas en segundos, bajarte en forma gratuita todos los clásicos de la literatura, y hasta conseguir las letras de cualquier canción extranjera que te guste! Oh, y también podrás comprar cosas desde otros países. Ya sabemos que a Uruguay no llega casi nada interesante.

YO ADOLESCENTE: ¿Así fue como conseguiste... conseguimos... al dragón? Oye, es cariñoso... pero está derritiendo mi helado con su aliento caliente.

[Donald no deja de ponerle ojitos tiernos a mi yo adolescente y se restriega contra ella como un gato. Más vale. Al fin y al cabo, mi yo adolescente es su futura madre adoptiva.]

YO ADULTA: Donaldito, deja que mi yo más joven chupetee su helado en paz. [Donald hace un gesto como de "OK, mamá" y se va a perseguir palomas. Vuelvo a dirigirme a mi yo adolescente.] No, al dragón no lo compré por Internet, pero tampoco voy a decirte cómo lo conseguirás. Digo, para no arruinar la sorpresa. Basta con decir que él y tú harán muchas cosas divertidas juntos.

YO ADOLESCENTE: Oh, está bien. ¿Alguna otra cosa buena que vaya a pasarme en el futuro?

YO ADULTA [contando con los dedos]: A ver, vas a viajar mucho [no le cuento lo de Disney World para no arruinar esa otra sorpresa], muchas cosas que te gustan ahora van a estar muy de moda, encontrarás música realmente fenomenal, conseguirás amigos cerebritos como tú y seguirás teniendo una salud estupenda. Te van a encantar las futuras películas animadas y de superhéroes, y también unas cuantas series de TV como Juego de tronos. ¡Juego de tronos es fenomenal, y podrás verla por cable! ¡¡Tendrás TV por cable!!

YO ADOLESCENTE: ¿En serio? ¡Genial! Oye, ¿me voy a quedar así de bajita?

YO ADULTA: Ay, sí, lo siento. No pasarás del metro cincuenta, pero bueno, ya ves que tampoco te pondrás gorda ni calva.

YO ADOLESCENTE: ¡Y veo que tampoco tendré acné! [Decido no contarle a mi yo adolescente que seguirá teniendo brotes de acné, pero al menos no en la cara. Total, ya se va a enterar.] Veo también que no tendré mucho busto.

YO ADULTA: Bueno, no, pero cierta amiga de pechos grandes que te hará entender que los pechos pequeños son mucho más cómodos.

YO ADOLESCENTE: Oh. De acuerdo. Me alegra ver, por lo menos, que acabé con el asunto de la ortodoncia. [Ahora decido no contarle a mi yo adolescente que tendrá que repetir la ortodoncia para corregir sus dientes inferiores, puesto que no quedaron bien a la primera.] Y... ¿qué hay de los novios?

YO ADULTA: Bueno... seguirás teniendo problemas con eso. Entre tu falta de interés por el sexo opuesto y la falta de interés de ellos por ligar con una mujer inteligente, digamos que tendrás que buscarte otras cosas que hacer. Al menos prometo que no te importará demasiado.

YO ADOLESCENTE [menos entusiasmada ahora]: ¿Y qué hay del futuro en general? ¿Se acabará la dictadura en Cuba? ¿Habrá patinetas voladoras? ¿La gente será menos estúpida gracias a esa cosa de Internet?

YO ADULTA: Bueno... eh... ¿qué te parece si cambiamos de tema? Después de todo, he venido aquí para enseñarte cómo sobrellevar las cosas malas de tu adolescencia, que también fue mi adolescencia. [¿Para qué le voy a contar a la pobre chica que lo de Cuba seguirá igual, que no habrá patinetas voladoras y que encima aparecerá el terrorismo islámico? (Por no hablar de que subirá al poder un partido político realmente funesto para el Uruguay.) Viajé al pasado para ayudarla, no para crearle malas expectativas.] Diablos, qué bueno está este helado. Los envasados no usan vainilla natural, son horribles.

YO ADOLESCENTE: Lo sé, por algo vengo siempre a este lugar. OK, ¿qué tengo que hacer para mejorar mi adolescencia?

YO ADULTA [enumerando de nuevo con los dedos]: Primero, tienes que aprender a ignorar a quienes se meten contigo. Y cuando digo "ignorar", me refiero a tratarlos como si no existieran. En mi época hay un dicho para quienes molestan en Internet: "no alimentes a los trolls". Quienes te molestan son unos tarados que sólo buscan hacerte enojar o sentir mal. No les des esa satisfacción. Sobre todo porque tus profesores en secundaria serán realmente estúpidos y no te ayudarán en absoluto.

YO ADOLESCENTE: Oye, eso no está bien.

YO ADULTA: Pues no, y conocerás a muchas otras personas a quienes tampoco ayudaron sus profesores. Es una falla del sistema educativo, lo seguirá siendo en el futuro y se hablará mucho del asunto. En fin, volviendo a lo nuestro, también tendrás que armarte de paciencia, porque vas a aburrirte MUUUUUUCHO en la secundaria. Tendrás razón en cuanto a que no te servirán de nada muchas de las cosas que van a enseñarte, como las ecuaciones y los ejercicios de física sobre cuerpos que se mueven de un lado a otro en ambientes sin rozamiento. Tampoco te servirá de mucho el francés. Enfócate en el inglés, y te diría que de paso estudies italiano y chino. Así, cuando te conviertas en mí, me costará menos trabajo continuar con esos aprendizajes.

YO ADOLESCENTE: ¿Y para qué me van a servir el italiano y el chino?

YO ADULTA: El italiano, para entender las canciones que te van a gustar, y el chino, pues porque en el futuro China se convertirá en una potencia. ¡Todos esos millones de personas podrían ser tus lectores!

YO ADOLESCENTE: ¿Lectores de qué?

YO ADULTA: Eso me lleva al siguiente punto: la escritura. Descubrirás que te gusta escribir historias, y serás razonablemente buena en esa actividad. ¡La gente pagará por leer tus libros! Bueno, no tanto como te gustaría, o sea, como me gustaría, pero en la literatura se progresa lentamente en general. Gajes del oficio y todo eso. Te aburrirás de tocar el piano porque no te parecerá lo bastante divertido. Tal vez deberías estudiar composición musical y conseguirte una gaita. Sé que te gusta la música de gaita, y las gaitas son más baratas que los pianos. Por no hablar de que ocupan mucho menos espacio. Pero bueno, si no lo haces tú, quizás lo haga yo en algún momento. Para esas cosas hay tiempo.

YO ADOLESCENTE: 'Tá bien, tendré todo eso en cuenta. ¿Qué más?

YO ADULTA: Bueno, la gimnasia en secundaria te parecerá un asco pero no podrás zafarte de ella hasta el quinto año, de modo que tendrás que aguantarla hasta que por fin acabe. En cuanto al acné, evita los azúcares y los carbohidratos refinados, consume verduras y haz ejercicio. Si te sirve de consuelo, en el futuro descubrirán que el chocolate NO causa acné, así que no te prives de eso. Pero tampoco te pases, claro. No queremos estar gordas, ¿verdad? Ah, y algo súper importante: casi todas tus amigas en la adolescencia, y unas pocas en la Facultad de Veterinaria, acabarán por fastidiarte. Mira, te escribiré ya mismo una lista para que tengas cuidado con ellas. No te digo que las borres por completo porque habrá buenos momentos, pero así te evitarás muchas desilusiones, ¿de acuerdo?

YO ADOLESCENTE: De acuerdo.

YO ADULTA: En cambio, te vas a llevar muy buen con tu prima Paula allá en España. Lo sé, ahora mismo es apenas una cría, pero en algún momento se pondrá interesante y decidirás escribirle. Ah, y en unos años encontrarás a un gatito perdido, de pelaje atigrado pardo y patitas blancas, maullando bajo un auto. No dudes en adoptarlo. Será un gran compañero.

YO ADOLESCENTE: ¿Y qué hay de mis padres?

YO ADULTA: Bueno, lamento decirte que, sin importar lo que hagas, tu padre nunca te dará mucha bola. Es una causa perdida, como Homero Simpson para la pobre Lisa. No te molestes. Más bien cuida a tu mamá, o sea, nuestra mamá.

YO ADOLESCENTE: ¿Voy a hacer algo espectacular en el futuro? Porque todo lo que me has dicho hasta ahora sobre mi vida no suena particularmente emocionante...

YO ADULTA [suspirando]: Bueno... a veces las cosas simplemente no se dan. Uno se hace fantasías sobre el futuro y luego el futuro sale de otra manera, y tienes que conformarte con lo que te toca. Pero mira, harás muchas cosas bien. Tu prudencia te evitará accidentes, o sea que ni patinando ni trepando árboles te romperás ningún hueso; tampoco quedarás embarazada, y tu política de no fumar ni usar drogas es excelente. Sigue con eso.

YO ADOLESCENTE: ¿Me trajiste algunos números de la lotería, por lo menos?

YO ADULTA: Oh. Mierda. ¡Sabía que me estaba olvidando de algo cuando salí de casa! Pero ¿sabes qué? Olvida la lotería. ¡Compra acciones de Google! [Me tomo unos segundos para considerar si he de decirle a mi yo adolescente que avise a los gringos sobre el 11 de septiembre, y a otros países sobre sus respectivos atentados, pero lo dejo así porque no creo que nadie vaya a darle bola; o peor: en caso de ponerse en plan Nostradamus, probablemente algún terrorista acabaría por pegarle un tiro, eliminando a mi yo del futuro y creando una paradoja que podría hacer estragos en el tejido del espacio-tiempo.]

YO ADOLESCENTE [escribiendo la palabra "Google" en una servilleta]: OK, lo tengo.

YO ADULTA [terminando de devorar el cucurucho de mi delicioso helado]: Eso es todo, pues. He de volver a mi época junto con Donaldito, a seguir escribiendo libros y todo eso. Que tengas una buena vida. [Abrazo a mi yo adolescente porque sé que no recibirá muchos abrazos en los años que vienen.]

YO ADOLESCENTE [devolviendo el abrazo]: Gracias. ¡Tú también!

YO ADULTA: Estoy en ello, estoy en ello... ¡Adiós!

Ahora que mi dragón y yo hemos regresado a esta época, díganme: si ustedes pudieran viajar al pasado, ¿qué cosas se dirían a sí mismos?

G. E.

PD: Maldición, ahora me muero de ganas por comer otro helado de La Dolce Vita. No he encontrado nada igual en el supermercado.

2 comentarios:

  1. Lindo relato. ¿Inspirado en "El otro" (primer cuento de El libro de arena) de Borges?
    Saludos.
    Gerardo Campani

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  2. No me inspiré en nada, es algo que venía pensando desde hacía un tiempo. Me alegra que te haya gustado. ¿Alguna cosa que te gustaría decir a tu yo adolescente, de paso?

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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