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16 de mayo de 2012

QUÉ NO HACER CON LOS PERROS

En el artículo anterior enumeré los errores más comunes que los propietarios de mascotas cometen con los gatos. Pero como los perros también existen y la gente los adopta como animales de compañía, hoy toca mencionar los errores más comunes que la gente comete con ellos :-P Aquí voy, pues.

COSAS QUE NO SE DEBEN HACER CON LOS PERROS
(o sus dueños se arriesgarán a una muerte violenta causada por mí, o a un mordisco en el trasero causado por sus perros)

APARTARLOS DE SU MADRE ANTES DE TIEMPO

Sí, esto es lo mismo que para los gatos. Las perras también son unas madres estupendas, y su leche es la mejor para el cachorro porque tiene más grasa y menos lactosa que la de vaca. Aquí no puedo dar un tiempo de destete específico, sin embargo, porque depende de la raza, la salud de la perra y el número y peso de los cachorros. Se debe preguntar esto al veterinario.

ELEGIR LA RAZA INADECUADA

Los perros no son como los jarrones, que se eligen por forma y color según las manías del propietario. SON SERES VIVOS. A ver, lo repetiré: SON SERES VIVOS. He visto mil veces a las personas elegir cualquier raza de perro por la apariencia y luego quejarse de los problemas que ello ocasiona. Hay razas que no se llevan bien con los niños, otras que no sirven como guardianes, y otras que requieren cuidados especiales. Mi queja favorita: "¡Me compré un husky siberiano y no sirve para nada!" Pues es un perro muy útil... ¡para tirar de los trineos en Alaska! ¿Tiene usted un trineo? ¿No? Entonces ¿¿para qué cuernos se compró un husky siberiano??

PONERLOS EN AMBIENTES PELIGROSOS

Otra cosa más en común con los gatos. Pero aquí hay un riesgo adicional: ¡¡los perros son imprudentes por naturaleza!! Donde un gato se detendría a olfatear con suspicacia, lo más probable es que el perro entre sin pensarlo siquiera. Los perros, además son MUCHO más torpes que los gatos. Una vez vi a un perro al que se le había rajado un costado... ¡porque había estado durmiendo junto a un coche viejo, y se levantó con tanta prisa que se rasgó la piel con la punta del parachoques! (ya ven, los perros también tienen días torpes).

DARLES DE COMER CUALQUIER COSA

Los perros son más bien omnívoros, pero al igual que los gatos, ¡¡no pueden digerir cualquier cosa ni mucho menos funcionan como trituradores de basura!! He visto radiografías de perros con huesos atorados en el intestino, perros intoxicados con alimentos humanos de todo tipo, y perros de razas grandes al borde de la inanición porque sus dueños eran tan idiotas que adoptaron/compraron un perro grande y luego decidieron que sería una idea estupenda alimentarlo con el pienso más barato del mercado (de esos que consisten en una suma de las sobras de todas las industrias alimenticias). Porfis, ve al veterinario y pregúntale cuál es el mejor alimento para la edad, la raza y las características individuales de tu perro.

DEJAR QUE COMAN CUALQUIER COSA

Debo hacer esta precisión porque a diferencia de los gatos, que son muy cuidadosos y quisquillosos con la comida, el perro es capaz de meterse cualquier cosa a la boca y encima tragársela. De hecho, hasta hay un programa de televisión llamado ¿El perro comió qué?, donde se muestran casos de perros que, por aburrimiento o simple estupidez, acabaron en el consultorio veterinario por devorar cosas tan insólitas como cajas, correas de cuero, tangas y ¡dinero! Si tu perro tiene esta mala costumbre, no dejes a su alcance objetos que puedan acabar en su estómago, y sácalo a la calle con un bozal.

DESCUIDAR LA SANIDAD

Nuevamente, los perros sufren tantas o más enfermedades que los gatos, y la mayor parte de ellas se pueden prevenir. Asegúrate de que tengan al día sus vacunas y desparasitaciones.

NO ESTERILIZARLOS

Este punto es válido igual que para los gatos, añadiendo: en las hembras también previene infecciones de útero potencialmente letales, y en los machos puede evitar o solucionar problemas de dominancia. Y para los hombres con perros machos, dejen de hacer el equivalente con una castración humana. ¡Al perro NO LE IMPORTA SU VIRILIDAD!

NO CEPILLARLOS NUNCA

Los perros no se lavan con la lengua, y por lo tanto no tragan pelos. Pero justamente porque no se lavan, los perros de pelo largo no pueden desenredar su pelaje, y se les forman unos nudos que no permiten que la piel se ventile adecuadamente. Esto puede llevar a una dermatitis (inflamación de la piel por infecciones). Además, hay perros que mudan el pelaje dos veces al año, como los huskies siberianos o los ovejeros alemanes. Quien no esté dispuesto a cepillar a su perro de pelo largo, que lo cambie por un perro de pelo corto.

Gracias por no cepillarme.
Siempre quise saber qué se sentía ser un estropajo (no).

BAÑARLOS DEMASIADO SEGUIDO

Sí, entiendo que los perros no tienen un olor muy atrayente. Sí, entiendo que, además, algunos perros tienen la mala costumbre de revolcarse sobre sustancias apestosas. Peeero... los baños demasiado frecuentes resecan la piel del perro, y ésta acaba por volverse seborreica (grasosa) en un intento de compensar. Entonces, el animal termina oliendo peor que nunca por los aceites que se enrancian. A menos que el perro se haya bañado en agua de mar o que esté muy sucio, la mejor manera de mantenerlo limpio y sin olores es cepillándolo frecuentemente (el cepillo ya remueve los pelos sueltos y la grasitud).

DEJAR QUE EL PERRO SE VUELVA AMO Y SEÑOR DE LA CASA

Éste es uno de los peores errores que cometen los dueños, especialmente cuando sus perros los superan en fuerza física (puede bastar con que el bicho pese más de 20 kilos). NUNCA hay que dejar que el perro se crea por encima de uno en la escala jerárquica. Ni siquiera a los pequeños (he conocido señoras asustadas por sus propios caniches). Desde el primer día hay que dejarle claro al animal que quien manda en la casa ES EL HUMANO, y que el humano es el macho/hembra alfa de la jauría. De lo contrario, luego termina pasando esto:

¡¡Grrrr, cómo te atreves a sacarme de MI sofá,
estúpido humano subordinado!!

Una vez más, espero haber dejado las cosas claras :-)

G. E.

2 comentarios:

  1. jajaja, no tengo perro pero me ha hecho gracia :-D

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    Respuestas
    1. Me alegra que te haya hecho gracia :-) Si alguna vez llegas a tener perro... ya sabrás qué NO hacer. ¡Gracias por comentar!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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