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10 de mayo de 2012

QUÉ NO HACER CON LOS GATOS

Desde que era estudiante y empecé a hacer trabajo voluntario en una clínica, hasta el día de hoy, he tenido la oportunidad de ver los errores más importantes que las personas cometen con los gatos. Se me ocurrió ponerlos aquí con la noble intención de que nadie más vuelva a cometerlos. Porque como llegue a ver a otro propietario descuidar a su minino de alguna manera... tendrá que vérselas conmigo y mi cachiporra. Que los gatos merecen respeto, carajo.

COSAS QUE NO SE DEBEN HACER CON LOS GATOS
(o sus dueños se arriesgarán a una muerte violenta causada por mí)

APARTARLOS DE SU MADRE ANTES DE TIEMPO

¿Quieres un gatito bebé? No problem! Eso sí: ¡deja que esté con su madre el tiempo que corresponda! (al menos 8 semanas). Las gatas están entre las mejores madres de la naturaleza; ellas se ocuparán de los primeros meses del gatito mejor que nadie (sí, mejor que las personas).

PONERLOS EN AMBIENTES PELIGROSOS

Al igual que los niños, los gatos pueden electrocutarse, morir aplastados por vehículos, intoxicarse, caer desde sitios altos o ser aniquilados por otros animales. Si quieres tener un gato, toma todas las medidas necesarias para evitar que muera de una forma extremadamente horrible. Es cierto que los gatos caen de pie, pero son susceptibles a las fuerzas de la física; por lo tanto, pon rejillas de alambre si vives en un piso alto. No permitas que mastique cables eléctricos, aléjalo de animales más grandes, ten cuidado al sacar el auto de la cochera y, si acaso fumigas la casa, ¡no dejes al gato dentro! (o su fantasma te acechará por siempre).

DARLES DE COMER CUALQUIER COSA

A ver, LOS GATOS NO SON HERBÍVOROS NI OMNÍVOROS. Son CARNÍVOROS. El gato requiere una dieta específica que le aporte todas las proteínas necesarias, especialmente el aminoácido taurina. Si no sabes qué come un gato en la naturaleza, pregúntale al veterinario qué marcas de alimento para gatos son las más recomendables, y sigue las instrucciones del paquete. ¡¡Y NO ENGORDES AL POBRE BICHO!! Los gatos son seres ágiles y bellos. No hay nada más triste que privarlos de su agilidad, convirtiéndolos en bolas de grasa al estilo Garfield (Garfield no se ha muerto de obesidad ¡porque es una caricatura!; los gatos en la vida real se enferman como cualquier persona gorda).

Gracias. Siempre quise saber
qué se sentía ser un puerco (no).

DESCUIDAR LA SANIDAD

Al igual que cualquier animal, los gatos son susceptibles a una variedad de virus, bacterias y parásitos. ¡Y para algo están los veterinarios! Sí, LOS GATOS SE VACUNAN Y DESPARASITAN IGUAL QUE LOS PERROS. Y no está bien que los gatos tengan pulgas como manadas de bisontes corriendo por una pradera. El gato se siente incómodo... y las pulgas también pican a la gente y a los perros.

NO ESTERILIZARLOS

A menos que tengas un gato con la intención de obtener crías, ¡esterilízalo! TAMBIÉN A LOS MACHOS. En la naturaleza ellos van a su aire y se reproducen, pero los gatos domésticos están mejor sin sus gónadas. A las hembras les disminuye la probabilidad de contraer cáncer de mama (que en las gatas casi siempre es maligno), y a los machos les alarga la vida (especialmente porque dejan de andar por ahí en onda pendenciera, arriesgándose a que otro gato los mutile/asesine).

NO LIMPIARLES LA CAJA SANITARIA

Los gatos son animales muy limpios. Se lo pasan lavándose, ¡y no les gusta estar en contacto con su propia caca! Cuando un gato se enfrenta a una caja sanitaria sucia, lo más probable es que haga el equivalente de fruncir el ceño y se vaya a defecar a otro lado. Cuidado con eso.

NO CEPILLARLOS NUNCA

Como los gatos se lo pasan lavándose, tragan MILES DE PELOS, y lo más probable es que esos pelos acaben vomitados en alguna alfombra. No es sano para el gato ni es sano para la alfombra. A los gatos les gusta que los cepillen a menudo, además.

FUMARLES AL LADO

Y como los gatos se lo pasan lavándose, tragarán cualquier toxina que se les adhiera al pelaje, LO CUAL INCLUYE EL HUMO DEL TABACO. Una vez participé en la cirugía de una gata con tumores de boca por culpa de su dueña fumadora. La gata se murió. ¡¡NO QUIERO QUE ESO VUELVA A PASAR CON OTRO GATO!!

NO DEJARLOS DORMIR

Por esas cosas de la naturaleza, los felinos son seres dormilones. O mejor dicho, la naturaleza hace que duerman de día para que tengan energías durante la noche, cuando salen a cazar. Los gatos caseros no salen a cazar, pero aún así dormirán buena parte del día. Y hay que dejarlos tranquilos durante ese tiempo, porque de lo contrario se pondrán de muy mal humor (los entiendo, a mí me pasa lo mismo cuando tengo insomnio).

PONERLOS EN RIDÍCULO

A diferencia de muchos perros, TODOS LOS GATOS TIENEN AUTOESTIMA. Al gato no le gusta que le pongan vestiditos ni que lo ridiculicen de manera alguna. Los gatos fueron adorados en el antiguo Egipto y no lo han olvidado. ¡LOS GATOS SE CREEN LOS DIOSES DE LA CASA! O sea, hay que respetarlos, a menos que uno quiera terminar así:

¡Fzzzt! ¡Como me pongas ese lazo, humana,
te convertiré en un montón de carne picada!

Espero haber dejado las cosas claras :-)

G. E.

Artículo relacionado: QUÉ NO HACER CON LOS PERROS.

2 comentarios:

  1. Comentarios muy acertados, toda mi vida he tenido gatos y he procurado cuidarlos. Buen artículo, espero que sirva para que algunos aprendan. Un saludo.

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    Respuestas
    1. Gracias, yo también espero que los propietarios aprendan de estos errores ajenos :-) Saludos.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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