INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

20 de agosto de 2011

MALDITA BELLEZA FEMENINA

Es una verdad universalmente reconocida que todo hombre soltero en posesión de una fortuna debe de estar buscando esposa que los estándares de belleza femeninos se han creado con el propósito específico de vender productos... y volver locas a las mujeres. De verdad, que la evolución de la belleza femenina a lo largo de la historia ha estado llena de rarezas, monstruosidades y unas cuantas torturas inmencionables.

Al principio todo era bastante fácil. ¿Qué atributos debía tener una mujer primitiva (digamos un par de especies antes del Homo sapiens) para ser considerada bella? No mucho: salud, buenas caderas y olor a hembra. Con eso los machos ya se conformaban, y no había presión por ningún lado para que la hembra en cuestión alterara su apariencia natural de maneras radicales.

Aquí está la mujer primitiva.
Simple, velluda y feliz.

Luego las cosas empezaron a complicarse. La humanidad creó la civilización, y a medida que nuestra especie se alejó de la naturaleza, la apariencia natural dejó de considerarse una virtud. Entonces las mujeres debieron someterse a procedimientos variados, cambios de vestuario y demás para satisfacer unos estándares ridículos, graciosos, poco prácticos y/o directamente nocivos para la salud. Hubo modas pasables y otras que me hacen agradecer no haber nacido en determinadas épocas y lugares. En la Francia de María Antonieta, por ejemplo, donde para lucir bella había que estrujarse en un corsé, ponerse unos vestidos tan grandes como una carpa de circo, bañarse en perfume para ocultar el olor a axila y ponerse unas enormes pelucas con rulos por las que caminaban felizmente los piojos.

Por razones que saltan a la vista, en la Francia de
María Antoineta las mujeres no utilizaron mucho oxígeno.

En China se consideraba que las mujeres debían tener pies pequeños para ser bellas, de modo que a las niñas les empezaban a vendar los pies hasta deformárselos por completo con tal de que cupieran en unos minúsculos zapatitos. Sufrían horrores y algunas morían, pero ¡eh, les quedaban unos pies hermosamente pequeños, entonces valía la pena!

La verdad, no creo que estemos mucho mejor ahora. La industria vende más productos que nunca, para tratar desde el pelo hasta las uñas de los pies, y por lo tanto los empresarios están determinados a convencernos de que somos feas y que no alcanzaremos el éxito a menos que nos ajustemos a sus estándares. Hete aquí una lista de productos básicos que al parecer estamos obligadas a comprar (de lo contrario, estaremos condenadas al fracaso y la fealdad eterna): campú, acondicionador, crema de peinar, fijador, maquillaje, bronceador en aerosol, cremas humectantes, cremas antiarrugas, maquinitas para depilar, desodorantes varios (incluso para blanquear las axilas y dejarlas suaves como culito de bebé), cremas dentales blanqueadoras, bótox, y... bueno, qué diablos, supongo que ustedes mismos podrían añadir veinte mil cosas más a la lista :-P

Entre las tetas de silicona y los tacones, esta
pobre chica ya le ha dicho adiós a su centro de gravedad.
Lo bueno es que les dará trabajo a los quiroprácticos.

Y, digo yo, ¿habrá alguna posibilidad de que volvamos a los tiempos primitivos, cuando las mujeres no teníamos que preocuparnos de todas estas memeces? ¿Habrá algún mundo donde yo pudiera correr a mi aire, sin preocuparme por las canas, las arrugas, la celulitis o los vellos en las piernas?

Como dijo William Wallace: ¡¡LIBERTAAAAAAAAAAD!!

(Aunque, pensándolo bien, preferiría correr libre pero con mis zapatillas Reebok de deporte. Ya saben, por si hay caca de perro en el pasto.)

G. E.

4 comentarios:

  1. jajaja, si, justamente pensaba que las mujeres somos tan complicadas en esas cosas. Si vas a una fiesta tienes el clóset lleno, pero dices "eso ya me lo vieron", en cambio los hombres sólo usan traje y cambian el color de la camisa y/o corbata. O por ejemplo, incluso yo cuando ando en "fachas" busco que mis fachas combinen. Y pues aún así y con todas esas complicaciones, me encanta ser mujer y no ser tan aburrida "estéticamente" como la mayoría de los hombres

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias por la visita y el comentario! :-) Pues a mí también me encanta ser mujer, pero debo admitir que paso de la mayoría de las cuestiones estéticas femeninas. En general ando con pantalones vaqueros, zapatillas de deporte y camisetas de algodón (me gustan las camisetas con diseños originales, eso sí). Me simplifica mucho la vida, la verdad :-D Prefiero dejar la creatividad para los dibujos. Curiosamente, ¡me gustan los desfiles de moda! Besos :-)

      Eliminar
  2. Coincido con el rechazo a todo lo que la sociedad de consumo y)o las modas imponen. Personalmente solo uso maquillaje cuando debo concurrir a una reunión importante o a una fiesta, o sea muy excepcionalmente. Trato de vestirme según la ocasión, pero siempre atendiendo a mi comodidad: si hay que usar zapatos dejo de lado las zapatillas pero jamás usé tacos altisimos ni de horma muy estrecha, o plataformas gigantes. Uso algun anillo pero no me pongo ocho gruesos anillos que hasta dificultan el movimiento como no uso enormes aros que tiran de las orejas sino pequeños y que no molesten. Depilarme, sí lo hago, como creo que también un hombre debe estar afeitado y con su bigote o barba prolijamente recortados si los usa. Pero cada uno(a tiene el derecho de elegir cómo debe ser su imagen, mas alla de las exigencias de la higiene y de la buena salud. Chapeau a los seres libres que no se cortan a la hora de elegir lo que quieren y no lo que les quieren imponer.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Amén, hermana! :-) Gracias por el comentario.

      Eliminar



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D