Haz clic en las imágenes para leer en línea las respectivas muestras gratis. Haz clic aquí para ver mi catálogo completo y las diferentes opciones de compra o descarga gratuita. ¡Gracias por apoyar mi carrera literaria! :-)

15 de junio de 2011

LOS PERROS CONTESTAN

Recibí toneladas de cartas de protesta por el artículo donde doy las razones por las que prefiero a los gatos. Muchas de ellas eran de propietarios de perros, pero otras fueron escritas directamente por los perros y firmadas con huellas de patas entintadas. Y como estoy dispuesta a dar derecho a réplica, aquí les va una de esas cartas (publicada con el permiso de su autor, claro).

Querida Gissel (¡guau guau!):

Quedé un poco ofendido por tu artículo sobre los gatos, ya que los perros también tenemos buenas cualidades.

Para empezar, la sensatez de los gatos está sobrevalorada. Los gatos quizás no se hagan los tontos ni coman cosas raras, pero ¡son unos aburridos! Los gatos duermen unas 23 horas al día y sólo se levantan para comer. Juegan con sus bolas de lana cuando son chiquitos, pero luego crecen y pierden toda la gracia. En cambio, los perros SIEMPRE somos divertidos y estamos dispuestos a correr aventuras. Además, con la epidemia de obesidad, ¡hasta proveemos un servicio a la humanidad, ya que sacamos a pasear a esos dueños que de otra forma pasarían el día entero sentados trabajando o viendo la tele!


Uh. Está pasando un automóvil. Voy a ladrarle, enseguida vuelvo.

¿En qué estaba? Ah, sí. Iba a hablar sobre la autoestima. Bueno, no es que los perros no tengamos autoestima. Lo que pasa es que somos HUMILDES, a diferencia de los gatos que se creen superiores por ver en la oscuridad y retraer las uñas. Puestos en ello, nosotros tenemos mejor olfato y no vamos presumiendo por ahí, ¿verdad?

Mi dueño acaba de llegar. Ya regreso, tengo que darle la bienvenida.

Como decía, los perros somos humildes Y AUN ASÍ LOS HUMANOS NOS HAN DEDICADO MONUMENTOS Y PELÍCULAS. Por algo será, ¿no? Los gatos habrán sido adorados en Egipto por cazar ratas y todo eso, pero nosotros tenemos una larga lista de hazañas propias que nos han ganado el respeto de la gente: guiar a los ciegos, ayudar a los sordos, rescatar personas en sitios de catástrofe, transportar a los esquimales en trineos, atrapar delincuentes, salvar a nuestros dueños en diversas situaciones peligrosas, demostrar una lealtad impecable y un largo etcétera. ¿Cuántas películas hay con gatos como héroes? Casi ninguna. ¿Y con perros? ¡¡MONTONES!! Y por algo hasta hay una que se titula Todos los perros van al cielo. ¿Dónde está la película Todos los gatos van al cielo? ¿Verdad que no existe? ¡Ja!

Los perros somos lo más cercano en el reino animal a los superhéroes.


Y no soportaremos que se nos critique por ser serviciales. ¿Desde cuándo llevarle las pantuflas o el periódico a quien te da de comer es mala cosa? ¡¡Eso se llama AGRADECIMIENTO!! Los gatos deberían aprender el significado de esa palabra. La mayor parte del tiempo, los gatos tratan a sus dueños como esclavos y muebles de sangre caliente. Qué vergüenza.

Tampoco aceptaremos que se nos critique por ladrar. Sí, bueno, a veces nos pasamos, ¡pero existe algo llamado "libertad de expresión"! Los perros tenemos derecho a ella igual que cualq...

¡Una ardilla! ¡La voy a atrapar!

Esto... Oh, ya, los perros tenemos el derecho de expresarnos como cualquier otra criatura. De hecho, los pájaros comienzan a expresarse apenas amanece y nadie los regaña por eso. En cambio, hasta les escriben poemas.

Y sí, los gatos serán más ágiles, ¡pero eso es para escapar del peligro aunque dejen al dueño atrás! Nosotros, por el contrario, corremos hacia el peligro y le mordemos el trasero, sobre todo si hay alguna amenaza para nuestros queridos dueños.

Con respecto a la higiene, lo que pasa es que los gatos son unos maniáticos de la limpieza. Nosotros vamos con nuestros dueños, sobre todo los niños, y nos ensuciamos con ellos porque ES LO MÁS NATURAL. Así nos inmunizamos contra todas las enfermedades y de paso nos divertimos. ¿Y qué más da si a veces olemos feo? Para algo los humanos inventaron el jabón y los desodorantes.

¡¡Mi dueño está comiendo salchichas!! ¡¡Me voy a pedirle una!!

Por último, la mayor razón para querer a los perros es que nosotros queremos a la gente. Los gatos son unos aprovechados. Los perros, por otro lado, damos amor y compañía sin pedir mucho a cambio.


Por eso hacen bien quienes prefieren a los perros.

Saludos.

FIDO

PD: Me encantó el artículo El perrito con dolor de dientes.

Saludos, Fido, y gracias por tu carta. No puedo discutir esos argumentos (aunque sigo prefiriendo a los gatos).

G. E.

No hay comentarios:

Publicar un comentario



Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

------------------------

¿Te gustó el fragmento? Haz clic aquí para leer la muestra gratis desde el principio o clic aquí para comprar el libro en tu tienda correspondiente de Amazon. ¡Besos!

SEGUIR POR CORREO ELECTRÓNICO

La suscripción permite recibir cada entrada (completa) del blog por correo electrónico unas pocas horas después de su publicación (¡incluyendo los dibujitos!). Sólo tienes que apuntar tu dirección y confirmar la suscripción. (Y no, yo no veré tu dirección, así que no la usaré para enviarte propaganda. Podrás desuscribirte cuando quieras, además.)

Datos personales

Mi foto

Dice aquí que debo escribir algo para demostrar que soy yo. Pues no. Prefiero dejar a todo el mundo con la duda. ¡Buajajajaja! >:-D