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22 de mayo de 2011

MANO IZQUIERDA, MANO DERECHA

No lo había mencionado hasta ahora en este blog, pero soy zurda. Tiene sus ventajas y desventajas: las personas zurdas somos, en teoría, más creativas (se aplica en mi caso), lo cual resulta muy útil para lidiar con las desventajas de dicha condición, como usar tijeras o abrelatas diseñados para diestros. (Los abrelatas todavía me sacan de quicio.)

Sin embargo, hace unos años decidí que quería aprender a escribir con la mano derecha. Por las dudas. Es decir, nunca se sabe cuándo uno podría necesitar escribir con la mano opuesta; por ejemplo, en caso de que un tiburón se comiera tu brazo o de que un helicóptero fuera de control te cortase la mano como si la hubieras metido en una picadora de carne gigante (uh, tal vez deba escribir una escena de ese tipo para un relato macabro).

Al principio no me fue muy bien. Mi cerebro llevaba demasiados años acostumbrado usar la mano izquierda para escribir, y mi caligrafía con la mano derecha era tan irregular como un montón de insectos aplastados al azar sobre el papel. Poco a poco, sin embargo, fui mejorando, y hoy en día escribo pasablemente bien con la derecha, aunque sin demasiada fluidez. (Ya pueden venir a mí esos tiburones y helicópteros descontrolados. Estoy lista.)

Mi caligrafía con la mano derecha sigue sin parecerse del todo a la caligrafía con la mano izquierda, por lo que un día se me ocurrió hacer un experimento: como mi prima se había aficionado a la grafología, le pasé muestras de ambas escrituras sin decirle que venían de la misma persona. Y debo decir que los resultados me sorprendieron un poco...

Con la escritura de la mano izquierda estaba todo bien: el estudio decía que soy una persona optimista, enérgica, bondadosa, ordenada y racional, pero al mismo tiempo con mucha imaginación.

Y luego vino el estudio sobre la escritura de la mano derecha... el cual decía, básicamente, que soy una persona inestable, algo perversa, irracional y quizás hasta psicópata.

¿¿QUÉ QUÉ QUÉ??

Me pasé el resto del día sumida en un estado de absoluta confusión. ¿O sea que había dos personalidades distintas conviviendo en mi interior según la mano que usara para escribir? ¿Dos versiones opuestas de Gissel Escudero, algo así como la doctora Jekyll y la señorita Hyde? ¡Ay, caramba! ¡Y yo sin enterarme hasta ese momento! Aunque... bueno, pensándolo bien, siempre he tenido aficiones y pensamientos contradictorios. Me gustan las historietas de Disney y los libros y películas de horror. Respeto las leyes, pero de vez en cuando me pregunto qué tal sería decapitar a alguien (varios políticos tarúpidos de mi país, por ejemplo, o mi podrida y tacaña vecina de al lado). Me gustan las películas donde la sangre salpica para todos lados, como Kill Bill o 300.

Mmmm... ¡la idea de que hubiera dos Gissel opuestas viviendo dentro de mí ya no parecía tan extraña! Por un lado una Gissel buena que escribe sobre gatitos, niños y mariposas, y por el otro una Gissel medio perversa que escribe sobre masacres y monstruos y que, ¡uuhhhh!, ¡quizás hasta se atrevería a usar ropa sexy y botas de tacón alto para patear con ellos a quien se lo merezca (o no)! ¡Algo así como esto!:


Entonces pensé: ¡pues no pinta mal la cosa! Total, ¡las chicas buenas van al cielo pero las malas se divierten más! ¡Y yo podría tener las dos cosas en un mismo paquete!

¡Yipiiiii!

Por desgracia, y cuando ya estaba haciendo planes para sacar provecho de mi doble personalidad, mi prima me confesó que en realidad había improvisado todo el análisis grafológico y que yo no debía tomar en serio nada de lo que había dicho.

Maldición >:-/

G. E.

PD: Por cierto, habrán notado que mi yo diestra también tiene tetas más grandes. En realidad no hacía falta que las tuviera, pero la palabra "tetas" es estupenda para derivar tráfico al blog :-P (Cuestiones de search engine optimization.)

6 comentarios:

  1. Es duro eso de intentar aprender a escribir con la mano derecha para los zurdos. En serio, también soy zurdo, también tengo una letra malísima con la mano derecha y también considero que mi enemigo natural son los abrelatas... xD

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  2. ¡Gracias por la visita! Y sí, los abrelatas para diestros son un incordio. Los zurdos deberíamos sindicalizarnos y exigir nuestros derechos... o poner una tienda de cosas para zurdos como la de Ned Flanders :-D

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  3. Pues yo me informé un poco sobre el legado cultural de los zurdos, y la verdad, si los judíos se quejan por el trato que su pueblo ha recibido a lo largo de la historia, podrían aprender a perdonar como los zurdos, porque había cada burrada...
    Oh, y no hace falta que me des las gracias, es un placer xD.

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  4. Pues mirémoslo de esta manera: Bart Simpson y el presidente Obama son zurdos. ¡Poco a poco vamos conquistando el mundo! :-) Por cierto: una tía mía se crió en un pueblo donde a los niños les pegaban para que no escribieran con la izquierda. Ya ves que estoy informada sobre ese molesto asunto de la discriminación... :-P

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  5. Interesante entrada. Sinceramente creo que soy incapaz de escribir con la izquierda. Pero por necesidad, lo intentaría sin dudarlo. Ser zurdo o pelirrojo en el pasado... Un problema. ¡Hay los humanos!
    Un saludo Gissel.

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  6. Me alegra que te haya parecido interesante, Pilar :-) Escribir con la mano opuesta es DIFICILÍSIMO, me llevó AÑOS hacerlo con cierta facilidad. Menos mal que no había coacción de por medio :-P Besotes.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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