INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. EL REY Y EL PÁJARO BLANCO - Había una vez un joven rey y un ave blanca con un secreto extraordinario. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

9 de febrero de 2011

SEGUNDA SEMANA DEL GHM

¡Bienvenidos de nuevo al Gran Hermano con monstruos!

El acontecimiento a destacar de esta segunda semana fue la conmovedora visita que le hicieron a Medusa. No sé si lo recordarán de la mitología, pero cuando a Medusa le cortaron la cabeza, de su sangre en el suelo nació Pegaso, el caballo con alas. Medusa se enteró hace poco de que tenía un hijo, y Pegaso creía que su madre estaba muerta, por lo que organizamos la tierna reunión entre ambos.


Oh, ¿no les dan ganas de llorar? Capturamos la escena con nuestras cámaras, e incluso los fantasmas japoneses se unieron al registro de esta hermosa reunión (hasta que nos aturdieron a todos con los flashes y tuvimos que quitarles las dichosas cámaras).

Por supuesto, muchas más cosas pasaron en el castillo. Aracne ha colaborado con Bernarda, Bublob y Martín para librar de plagas la huerta. Aparte de eso, nuestra querida araña ha tejido suficientes prendas de lana para cuando baje la temperatura.

Atatrix y 0010110 han llegado a una especie de tregua con eso de la conquista de Marte y la supuesta superioridad robótica. 0010110 parece estar de mejor humor últimamente (¿será por el nuevo sistema operativo Linux, que funciona con menos tropiezos que Windows?), de modo que se autoinstaló algunos videojuegos para entretener a los demás participantes del GHM, empezando por Drácula, quien a pesar de ser un vampiro antiguo e inmortal no profesa ningún rechazo a las nuevas tecnologías. O sea, es un vampiro antiguo pero moderno :-P

Bublob consiguió convencer al monstruo bajo la cama de nadar un rato en el foso del castillo. El monstruo se escabulló hasta ahí cubriéndose con una sábana para que nadie lo viera, y se entretuvo un rato jugando con los cocodrilos. Trataron de comerse entre sí, pero bueno, son carnívoros y no lo pueden evitar.

Y hablando de seres que se comen entre sí... bien, mucho me temo que hemos tenido que decir adiós a la vaca Florinda. En medio de la noche se escuchó un terrible mugido, y la vaca desapareció. Algunos participantes del GHM siguieron los rastros de sangre y se encontraron con esta escena:


Rodolfo, Rodolfo, ¡qué vergüenza! ¡Había hamburguesas congeladas en el refrigerador!

En fin, le perdonamos el incidente al hombre-lobo con la condición de que nos consiga tequila auténtica mexicana a precio rebajado.

Matilda la zombi se viene recuperando bien de su cirugía, aunque el brazo nuevo le quedó un poquito más corto que el otro. Gajes del oficio: es difícil encontrar buenos reemplazos para los miembros perdidos. En general los estudiantes de medicina tienen la preferencia en la obtención de los mejores cuerpos para sus estudios de anatomía. Se entiende.

Todavía no hemos logrado descubrir qué clase de criatura carnívora vive en el sótano del castillo, pero sí encontramos algunas vendas polvorientas tiradas por ahí. Ha de ser la momia. Los mantendremos informados sobre eso. Esta semana, por suerte, no hubo incidentes con la armadura de Sir Gandolfo. Sin embargo... ah, pues otro participante apareció con un miembro faltante. Se trató de Frankie Junior, quien se presentó al almuerzo de esta manera:


Qué barbaridad. El doctor Frankenheimer ya lo llevó a su clínica para la reconstrucción. A ver si averiguamos de una buena vez qué está pasando, porque nuestras cámaras no registraron este nuevo percance.

Seguiremos contando lo que pasa en el castillo. ¡Y no se olviden de votar por su participante favorito en la encuesta de la izquierda! ¡Cada voto vale!

G. E.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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