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27 de agosto de 2015

SOBRE CARICATURAS PSICÓPATAS HOMICIDAS

En Internet y por correo electrónico anda circulando una lista de personajes animados con sus respectivos desórdenes psicológicos (inferidos a partir de su comportamiento en la pantalla). A Shaggy y Scooby les atribuyen bulimia, el burrito Igor (amigo de Winnie Pooh) podría padecer distimia, a Bruce Banner le correspondería un trastorno disociativo de identidad, y así por el estilo.

No me voy a poner a discutir si estas atribuciones son acertadas o no, pero sí tengo algo muy claro: hay otros personajes animados que son definitivamente psicópatas homicidas, y no se encuentran solamente en las series o películas animadas de Batman. De hecho, algunos de esos personajes hasta hacen quedar como inocentes corderitos a los enemigos de Batman.

Y no, no estoy hablando de Tom y Jerry. Tom y Jerry son normalitos. No tiene nada de raro que un gato trate de asesinar a un ratón, y de hecho mi propio gato lo hizo en un par de ocasiones. Cierto, no hay ratones que contraataquen como lo hace Jerry, pero seguro que lo harían si pudieran (ya saben, instinto de supervivencia, la ley de la selva y todo eso).

Caso #1: Shen, el malvado pavo real blanco de Kung fu panda 2. Shen arranca de entrada cometiendo un genocidio contra los pandas para evitar que se cumpla una profecía. Luego asesina con un ¡¡cañón!! a uno de los guardias del palacio. Hacia el final de la película, ni siquiera le importa matar a sus propios guerreros con tal de derrotar a Po. ¡Menudo villano psicópata con plumas elegantes!

Caso #2: Síndrome, el villano de Los increíbles. En una escena de la película va el padre de la familia y se entera de que Síndrome a liquidado ha unos cuantos superhéroes. O sea, Síndrome queda como un asesino serial en toda regla, algo así como el protagonista de Psicópata americano pero nada metrosexual.

Caso #3: Charles Muntz, el villano de Up. Charles envía a sus perros entrenados a asesinar a un anciano y a un niño indefensos. Luego trata de liquidarlos él mismo. A tiros. Y también da a entender que no es la primera vez que mata a alguien por interponerse en sus planes. Para ser un ancianito, la verdad es que da miedito.

Caso #4: Lotso, el oso púrpura de Toy Story 3. Este oso megalómano no sólo se declara a sí mismo el gobernante de toda una guardería, sino que instaura un sistema perverso mediante el cual conduce a otros juguetes a su destrucción (= muerte). Por último, está dispuesto a permitir que un montón de juguetes mueran incinerados (después de haber sido salvado por ellos, nada menos). Y luego dicen que los osos de peluche son adorables... ¡Pffff! Lotso no tiene nada que envidiarle al muñeco poseído Chucky.

Caso #5: Lord Barkis Bittern, el villano de Novia cadáver. No sólo fue el responsable de convertir a la novia del título en un cadáver, sino que está dispuesto a hacer lo mismo con Victoria, después de la boda, para quedarse con su supuesta fortuna. O sea, un viudo negro en toda regla (a diferencia de Black Widow, de los Vengadores, quien es una heroína fenomenal).

Caso #6: Doom, el villano de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (conste que el título debería ser ¿Quién inculpó a Roger Rabbit?, pero quienes tradujeron el título asumieron que los espectadores éramos demasiado ignorantes como para conocer el significado de la palabra "inculpar"). Asesinó al hermano de Eddie Valiant arrojándole un piano en la cabeza, luego mata a Marvin Acme de igual manera, le dispara a R. K. Maroon por la espalda, asesina a un dibujo animado derritiéndolo en disolvente (es una escena muy perturbadora, la verdad, como ver a alguien sumergir un gatito en ácido sulfúrico), y por último trata de matar a Valiant empujándolo contra una aplanadora, aplastándole la cabeza o cortándolo en dos. Por no hablar de que sus planes maquiavélicos incluyen la destrucción de una ciudad junto con todos sus habitantes, un montón de inocentes caricaturas. (Bueno, algunas no tan inocentes. Digo, es que tanto Piolín como Mickey y Bugs Bunny participan en la caída de Valiant desde un edificio alto; si no fuera porque la pelirroja chiflada lo atrapa en el último segundo, Valiant moriría al estrellarse.) En lo que a mí concierne, Doom se lleva el premio en la categoría de caricaturas psicópatas homicidas porque ¡¡mata gente de verdad!! (En la película sólo muestran la silueta en blanco de Marvin Acme, pero en la vida real habría quedado un enorme charco de sangre con pedazos de cerebro regados por todas partes alrededor del piano.)

En fin, no estoy diciendo que haya que censurar las películas animadas ni nada por el estilo. Total, la mayoría de los niños que crecimos con estas cosas somos adultos perfectamente normales que disfrutamos de series como Hannibal y Juego de tronos y películas como Sweeney Todd: El barbero demoníaco de la calle Fleet.

Hasta luego. Dejaré que mi versión caricaturesca se vaya a cometer algunos actos atroces y sangrientos, dado que al parecer no está mal visto en las películas animadas.


G. E.

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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