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2 de noviembre de 2017

NO TENGO MÓVIL

Sí, soy un bicho raro sin teléfono móvil. (¿Ya se recuperaron del impacto de mi afirmación? ¿Puedo seguir con el artículo?) Pero hay muchas razones detrás de mi negativa a tenerlo (al menos por ahora), de modo que decidí explicarlas en esta entrada para que la gente me entienda mejor.

Razón #1: CRECÍ SIN MÓVIL, TODAVÍA PUEDO VIVIR SIN UNO

Por cuestiones de edad, nacionalidad y nivel socioeconómico, mi niñez fue un 97% analógica. Incluso teníamos un televisor EN BLANCO Y NEGRO en la cocina de mi casa. Recuerdo perfectamente cuando compramos el primer lavarropas, y recién en 1996 pude tener una computadora. Cuando yo era chica, los teléfonos móviles eran del tamaño de ladrillos. Luego se fueron empequeñeciendo, claro, pero seguían siendo CAROS. O sea, crecí en una época donde las personas se comunicaban por teléfonos fijos, y hablando. ¿Agradezco los avances tecnológicos? ¡POR SUPUESTO, ME ENCANTAN! Pero de todas las cosas nuevas que han aparecido (cámaras digitales, libros electrónicos, etc.), los teléfonos móviles siguen estando en el grupo de dispositivos electrónicos que no me he visto obligada a adquirir. Si quieren comunicarse conmigo, llámenme por el teléfono fijo, o mejor: mándenme un mensaje por correo electrónico, Facebook o Twitter.

Razón #2: LA CUESTIÓN AMBIENTAL

¿Recuerdan el artículo sobre mi molesta conciencia ecológica? Pues bien, no he cambiado de opinión en cuanto a comprar cosas que no necesito y que encima son antiecológicas. Y los móviles están entre los aparatos electrónicos más antiecológicos que se producen hoy en día, por eso de la obsolescencia programada y los minerales que requieren (muchos de los cuales provienen de zonas en conflicto).

Razón #3: NO TENGO MUCHA VIDA SOCIAL

Es la razón principal por la que no he necesitado un móvil. Hay personas que los utilizan para comunicarse con amigos y parientes... pero yo ya casi no los tengo en mi ciudad. Y para las cuestiones laborales... todavía me las arreglo sin móvil. Incluso me las arreglo sin reloj, dado que lo que importa es la hora de salida para pillar el autobús y llegar puntualmente al sitio de trabajo. Vivo en una ciudad tan pequeña que sé cuántos minutos me toma llegar a pie o en autobús a la mayoría de los lugares importantes.

Razón #4: ME REHÚSO A TENER UN MÓVIL PARA LA COMODIDAD DE LAS PERSONAS IMPUNTUALES

"Pero ¿qué pasa si quedaste con alguien y esa persona tiene que avisarte de que llegará tarde?", me han preguntado algunos. ¿Y saben cuál es mi respuesta? ME AVISEN O NO ME AVISEN, A MÍ ME REPATEA DE IGUAL MANERA LA IMPUNTUALIDAD AJENA. En parte es por eso que ya no tengo vida social y voy sola a todas partes. Me cansé de esperar al resto del mundo. Lo único que cambiaría teniendo un móvil es que los demás podrían avisarme antes de que van a llegar tarde, ¿y por mi parte yo tendría que comprar un dispositivo que no necesito y pagar una cuota mensual que podría emplear en algo más útil (música/libros)? ¿¿QUÉ GANO YO CON ESO?? ABSOLUTAMENTE NADA. ¡¡APRENDAN A SER PUNTUALES, LEÑE!! (Solamente justifico la impuntualidad por causas ajenas a la persona que llega tarde. Raramente es el caso.)

Razón #5: SOY INTROVERTIDA

Eso ya lo dije en esta entrada de mi blog. O sea, en general me limito a decir solamente lo indispensable. No necesito un dispositivo adicional de comunicación, considerando que tampoco necesito comunicarme tanto.

Razón #6: NO ME GUSTA LO QUE LOS MÓVILES HACEN A LAS PERSONAS

No sé si a mí me pasaría lo mismo, pero ¿han mirado alrededor, ya sea en la vía pública o el autobús? Las personas van enganchadas a los móviles como si fuera una especie de chupete para el cerebro. Incluso he visto a unos cuantos CRUZAR LA CALLE mirando la pantallita. En serio, ¿qué pasa? ¡Como si no hubiera cosas bonitas o interesantes en el mundo real! Cuando estoy en un autobús, prefiero sentarme junto a la ventana u observar a las personas a mi alrededor, y cuando camino de un lugar a otro más bien aprovecho para detectar halcones (por no hablar de que tengo que estar pendiente de los asaltantes y el tránsito loco de Montevideo). También me gusta saludar a mis amigos gatunos y perrunos (sobre todo porque son lindos y suavecitos y no me hacen perder tiempo con charlas irrelevantes). Por cierto, si hubiera estado distraída mirando un móvil, ¡tal vez no habría conocido a mi actual gato Osito!


Razón #7: TIEMPO DE DESCONEXIÓN

La escritura y el dibujo en digital ya me obligan a pasar bastante tiempo frente a una pantalla. Apuesto a que mis ojos agradecen los períodos de descanso.

Razón #8: PARA GUARDAR INFORMACIÓN, TODAVÍA EXISTE EL PAPEL

Muchas personas desesperan cuando pierden el móvil porque ¡ahí estaban todos los números de sus contactos! Gente, respalden la información en algo que no dependa de una batería y que no sea susceptible de ser robado. De nada.

Razón #9: TENGO UNA CÁMARA DIGITAL

Digo, por eso de sacar fotos o grabar vídeos. Tengo una cámara digital con objetivo macro hace años porque necesitaba sacar buenas fotos en el trabajo. También me gusta fotografiar mariposas.

Razón #10: NO TENGO POR QUÉ ESTAR DISPONIBLE PARA TODO EL MUNDO TODO EL TIEMPO

No soy doctora de emergencias, bombera ni policía. Si no es urgente (y raramente lo es), me pueden llamar de nuevo cuando esté disponible. Y puestos en ello, seguiré descolgando mi teléfono fijo a mediodía, porque los empleados de televentas tienden en llamar a esa hora, interrumpiendo mi almuerzo (grrrr).

Así que ya ven, no soy un bicho raro sin móvil sólo porque sí :-)

G. E.

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6 comentarios:

  1. ¡Hola, Gissel!

    Pues sí, jaja, me ha impactado mucho lo que has dicho. Para mí vivir sin móvil sería completamente imposible. Hasta para hacer un trabajo de Universidad es necesario crear un grupo de WhatsApp. Supongo que también influirá que soy una impuntual empedernida (en proceso de reforma, no me mates) y una nativa digital.

    Lo de la cámara me parece bastante interesante. Me encanta hacer fotos con cámara (cuando no se me olvida llevarla, claro está), aunque suelo caer mucho en utilizar el móvil para todo, por comodidad. Supongo que sería un interesante ejercicio de desintoxicación dejar el móvil en casa por un día, aunque me aterra perderme algo importante.

    ¡¡Un abrazo!!

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    1. ¡Gracias por la visita y el comentario! Oh, yo no cuestiono la necesidad de otras personas de andar con un móvil, así como yo necesito una computadora para escribir, dibujar, promocionar mis libros y gestionar mis ganancias. Escribí la entrada simplemente para que se entiendan MIS motivos, los cuales considero que son bastante válidos :-D ¡Abrazo para ti también!

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  2. Yo tengo un celular pero anterior al 4g y esas cosas.
    Y no lo cambio porque entra en mis bolsillos, lo que no pasa con esos modernos. Y saca fotos que no son gran cosa, pero eso me alcanza. Y no estoy viendolo todo el tiempo.

    Un abrazo.

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    1. ¡Qué bien! Casi casi perteneces a mi club de bichos raros que no dependemos de un celular :-D ¡Abrazo para ti también!

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  3. ¡Hola Gissel!
    Curioso toparse con una persona que no tiene móvil, pero realmente me alegro por ti. Nos hemos vuelto, la sociedad en general, devoradores tecnológicos. Solo recuerdo una vez que estuve sin móvil y fue en plena época de exámenes. ¡No sabes cuánto lo agradecí!
    Estaba out de todo y de todos (de esto último mejor que mejor). Al igual que tú soy un pelín introvertida, creo que solo cuando me das la suficiente confianza o cuando sé que puedo confiar en ti me abro en canal por completo. Sin embargo, ello me ha generado varias decepciones pero bueno... Con piedras por el camino también puede vivir el hombre.
    Por cierto, he visto las imágenes de las mariposas ¡Y son preciosas! A mi también me gusta la fotografía pero no le dedico el tiempo que debería para mejorar. He pensado apuntarme a algún curso para aprender :)

    Espero que nunca necesites de un móvil, te hacen ser adicta a algo de lo que puedes precisar.
    Un besín ;)

    Etérea

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    1. ¡Gracias por la visita y el comentario! Y sí, la verdad es que espero que no me obliguen a tener un móvil. Ya es bastante malo que me obliguen a cambiar la PC por cuestiones de obsolescencia (y la PC sí la necesito para trabajar). Me alegra que te hayan gustado las fotos de las mariposas, y lamento que hayas tenido malas experiencias con las amistades (me ha pasado, y pronto escribiré un artículo sobre eso también). ¡Besos!

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Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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