El bailarín le robó un beso. Ella estaba determinada a odiarlo. Las circunstancias no cooperaron. (Haz clic en la imagen para bajarte el relato gratuito, en formatos EPUB y MOBI, junto con el fondo de pantalla.)

12 de septiembre de 2010

EL JUGUETE DIABÓLICO

(No, no me refiero al muñeco Chucky. Aunque podría hablar de él en otra ocasión.)

Cuando era chica, mi mamá me compró un juguete de tipo rompecabezas:


¿Objetivo del rompecabezas? Mover las piezas hasta liberar al ratón de plástico atrapado en el cuadrado con forma de cara (supuestamente es una cara de gato, aunque también podría ser de algún engendro diabólico como los que salen en las pelis de terror; desde luego, tiene una expresión sospechosamente psicótica). En el borde inferior del rompecabezas, donde se halla la pieza blanca, hay una abertura, y la pieza verde asoma a medias a fin de que pueda salir el ratón (el cual tiene un pequeño imán por si uno quiere pegarlo al refri, pero carece de cola porque de lo contrario no cabría en su prisión; esto último es un defecto de diseño, supongo).

Parece fácil, ¿no? ¡¡ERROR!! Este pequeño rompecabezas no es tan complicado como ese endemoniado y perverso cubo de Rubik que todavía no he podido resolver el ingenioso cubo de Rubik, pero parte de su encanto es su engañosa simplicidad. Al ver un cubo de Rubik, uno más o menos adivina que es un juguete diseñado para sacarlo a uno de quicio, pero casi todo el mundo subestima mi pequeño rompecabezas. Incluyéndome.

Sí, yo pude resolverlo. Pero me llevó bastante tiempo (me rehúso a decir cuánto). Ahora sólo quisiera encontrarle la vuelta al cubo de Rubik o mi orgullo de cerebrito quedará severamente resentido.

En la actualidad, uno de mis placeres perversos es prestar este juguetito a mis amigos y verlos caer poco a poco en una profunda sima de desesperación.

La cosa suele empezar así:

¡Bah! No parece tan complicado...

Aquí viene mi advertencia de que las apariencias engañan, pero nadie me hace caso. Un día o dos más tarde le pregunto a la víctima en cuestión cómo va con el rompecabezas, y en general me responde que pronto dará con la solución si consigue sacar de en medio a la pieza blanca (que pronto se convertirá en "esa maldita pieza blanca").

Una semana o dos, o incluso un mes después...

¡¡¡Maldito rompecabezas de porquería!!!
¡¿¿Por qué no consigo resolverteeeee??!

Llegado este punto la víctima se encuentra al borde del colapso, con ánimos de tirarse desde un edificio alto o arrojar mi pequeño rompecabezas bajo una aplanadora. Entonces el juguete me es devuelto sin resolver, y la víctima se retira con expresión de derrota.

Y yo sonrío. Humano = 1 (o sea, yo), rompecabezas = 27 >:-D

¡¡BUA-JA-JA-JA-JA!!

¿Quién quiere ser la próxima víctima?

G. E.

6 comentarios:

  1. Genial, estos juegos me estresan de sobremanera. Los dibujos, geniales...el último está guapísimo!

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    1. Gracias :-) Si alguna vez nos vemos en persona... te prestaré mi juguetito para verte enloquecer. ¡Muajajajaja!

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  2. El objetivo consiste en llegar con el diablillo hasta la fila final, no?

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  3. Lo he resuelto. ¿Me permitirías hacer una entrada en mi blog incorporando parte de la tuya (obviamente con atribución)?

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