INCOMPATIBLES - Ella quería conquistar al cerebrito de la clase. Él estaba determinado a ignorarla... hasta que descubrió su secreto. UNA RELACIÓN PERFECTA - Historias románticas contemporáneas con un poco de arte en cada una. BESO ROBADO - Lina conoce a dos bailarines de ballet: uno que le gusta... y otro que hará de todo para conquistarla. LOBO DE LUNA - La amistad inquebrantable entre una criatura del bosque y un lobo de otro mundo. RELATOS DE AMOR Y SANGRE - A menudo el amor sale terriblemente mal... AMOR SANGRIENTO - Él está muriendo de un cáncer terminal. Ella tiene un secreto escalofriante. OSCURA SALVACIÓN - Historias sobre amor y salvación... plagadas de horror y oscuridad. Haz clic en las portadas para leer las muestras gratuitas. Ve a la página SOBRE MIS LIBROS para ver todo mi catálogo. ¡Gracias por apoyarme!

27 de mayo de 2010

FUTBOHÓLICOS

Queridas amigas:

A medida que se va acercando el dichoso Mundial de Fútbol, me imagino que ya habrán notado ciertos cambios en la población masculina. Es que cada cuatro años los hombres son poseídos por alguna entidad deportiva malévola que los convierte en futbohólicos (o futboludos, como diríamos las rioplatenses; pero mejor usaré el término menos despectivo, para no herir sensibilidades).


Un futbohólico es más o menos como una cruza entre un zombi, un autista y una pelota. No sirve absolutamente para nada, excepto para sentarse a ver partidos de fútbol uno tras otro, como si no hubiera cosas más importantes en la vida; por ejemplo, el hambre mundial, la insoportable levedad del ser o la extinción del pájaro con pico de trompeta (¡oh tragedia!, ¡nunca más lo escucharemos tocar el jazz!).

Peeeeero... ¡no todo está perdido!

Para las mujeres casadas, esta conversión temporal del marido en un futbohólico puede representar una gran ventaja. Es tiempo de aprovechar para sacarle la tarjeta de crédito e ir de compras, visitar un spa o leer esas novelas románticas pendientes sin molestas interrupciones masculinas. También es un buen momento para comunicarle al marido cualquier mala noticia, porque estará tan concentrado en la pantalla que no se le moverá ni un pelo cuando le digan que el nene necesita ortodoncia, la perra de la familia está preñada, o el agujero en la capa de ozono se ha agrandado tanto que el sol está a punto de freírnos como huevos en el asfalto. Él no registrará ni una sola palabra, y cuando en algún futuro próximo les recrimine que nunca le dijeron nada, ustedes podrán responder: "¡Pero si te lo dije el otro día! ¡Nunca me escuchas! ¡Eres un desconsiderado! ¡Quiero el divorcio!" (Así el marido se verá obligado, encima, a subsanar su error con un ramo de flores o una caja de chocolates.)


Para las mujeres solteras... bueno, ésta no es la mejor época para ir de cacería de hombres. Lamento decirles que los hombres estarán fuera de servicio hasta la Ceremonia de Clausura, así que mejor busquen otras alternativas para pasar el rato. Pueden visitar a sus amigas casadas (= viudas temporales de futbohólicos), tomar ese curso de yoga para el que nunca tenían tiempo, o sacar a pasear al perro (por suerte, los cánidos machos son inmunes a la entidad deportiva malévola que produce futbohólicos).


¡Oye, chica, no estés triste! Mira, todavía tengo pañuelos. Aquí tienes uno. No hay de qué.

Supongo que se preguntarán si no hay un solo hombre sobre la tierra que no caiga en las garras de la pasión manía futbolera. Sí, algunos hay. Una vez tuve un novio así, y era fantástico: el fútbol no le interesaba ni un poquito. Por desgracia... bueno, como ya se sabe que ningún hombre es perfecto, algún otro defecto tenía que tener. Mi novio se convertía en rana cada vez que llovía en la Amazonia. El problema era que en la Amazonia llueve todos los días, así que la relación no prosperó.


Terminé nuestro noviazgo en la cocina. Y debo decirles que esas ancas de rana estaban deliciosas :-D

G. E.

21 de mayo de 2010

LA IMPRESORA CONTRAATACA

Compré mi primera impresora en 1996: una HP 400, a la que en su momento bauticé "Susanita", ya que el disco duro de mi primera computadora tenía la etiqueta "Mafalda" :-)

Por desgracia, los precios de los cartuchos se fueron por las nubes, y como últimamente no encontraba cartuchos compatibles, hice algo que raras veces hago: compré una impresora nueva a pesar de que Susanita todavía funciona. En general, la regla en mi casa es que no se compra un electrodoméstico nuevo mientras su homólogo no esté muerto y enterrado (figurativamente hablando, porque otra regla es apostar al reciclaje de la basura electrónica).

La nueva impresora es una láser. Es toda negra, así que el nombre lógico para ella era... "Darth Vader" :-D

(Insertar marcha del Imperio Galáctico.)

¡Me gusta! Claro que el manual tiene ochocientas advertencias sobre lo que NO debo hacer con la impresora, lo cual me hace temer que, si meto la pata, sufriré una muerte rápida y dolorosa.


Lo bueno de la impresora láser con respecto a la de tinta es que imprime MUCHO más rápido. Diría más bien que dispara las páginas a toda velocidad...


Como sea, estoy contenta con la impresora. No espero que dure tanto como la otra, pero sí que sobreviva un par de años a la garantía (es poco probable; la etiqueta dice "Made in China").


Adoro la tecnología moderna.


Ya, ya, no llores, Susanita. Te pondré en el armario con mi cámara analógica. Seguro que ustedes tendrán mucho de qué hablar. ¿Quieres un pañuelo para tus lágrimas de tinta?

G. E.

15 de mayo de 2010

ESTÚPIDO BEOWULF

El otro día vi en la tele, por segunda vez, la peli Beowulf. Ya saben, esa nueva versión animada por computadora con personajes que parecen de verdad. Y la verdad es que me dejó pensando.

La peli empieza en el castillo del rey Hrothgar, quien es atosigado por un monstruo llamado Grendel. Un monstruo feo, incomprendido, seguramente apestoso, con pésima dentadura y un terrible dolor de oídos. Y sin pene, encima. Pobrecito, le tocaron todas las desgracias posibles.

Me voy a quejar con los asistentes sociales.

Por suerte para Grendel, su madre en la peli es Angelina Jolie, de quien ya sabemos que adopta a cualquier niño que le pongan por delante.

En esta peli soy un sexy monstruo desnudo.
(Brad no está muy feliz de ser el padre adoptivo de Grendel.)

Dato curioso: Angelina es un sexy monstruo acuático desnudo... con tacones. ¿Tacones? ¿En serio? ¿Para qué quiere tacones un monstruo acuático? Más bien debería usar esas aletas que usan los buzos. Son muchísimo más adecuadas para desplazarse bajo el agua. Tacones. Pfff. (Estoy moralmente en contra de los tacones altos. Son aparatos de tortura que se hacen pasar por zapatos.)

En fin, para sacarse de encima a Grendel, Hrothgar contrata a Beowulf, un héroe archiconocido por matar monstruos y adornar los relatos de sus propias hazañas (como los políticos, más o menos).

Soy un héroe muy macho... aunque use minifalda.

Beowulf pelea (¡¡desnudo!!, ¡¡qué sexy!!) con Grendel y le saca un brazo (¡auch!). Grendel muere. Angelina se enoja mucho y mata a los amigos de Beowulf, así que Beowulf va a una cueva a matar a Angelina.

Y aquí es donde empiezan los problemas, porque Beowulf, en lugar de matar a Angelina, se la tira.

De verdad, ¿en qué estaba pensando? De acuerdo, Angelina está muy guapa, pero ¿tirarse a la madre de Grendel? Una criatura guapa que engendra un monstruo tan feo seguramente está expuesta a agentes teratógenos, como mínimo. A ver, señores, ¿ustedes se acostarían con una mujer que haya estado paseándose por las ruinas de Chernóbil? ¿Verdad que no? Por si fuera poco, la historia está ambientada en la Edad Media. En esa época no había condones ni antibióticos, así que la gente moría de sífilis. Y si los humanos tienen sífilis, ¿qué enfermedades infecciosas desconocidas podría tener un monstruo acuático? Francamente, qué poca prudencia desde el punto de vista sanitario. Beowulf podría haber quedado así:


Y éstos son sólo dos ejemplos. Las posibilidades son infinitas.

Además, aunque no hubiera teratógenos ni enfermedades infecciosas, todavía estamos hablando de la madre de Grendel. Angelina le pide un hijo a Beowulf, y él accede. ¿Perdón? ¿Acaso no le sirvió de advertencia la presencia de Grendel? ¿Ustedes engendrarían un hijo con un monstruo acuático que hubiese parido anteriormente a un ser horroroso y con dolor de oídos? (Más tarde se sabe que Grendel es hijo de Hrothgar. Por lo tanto, ya había antecedentes de que los humanos y los monstruos acuáticos desnudos no producen buenos híbridos.)

No les cuento el resto de la peli, pero Beowulf no termina demasiado bien. La verdad es que se lo merecía, por pensar con los testículos. Sólo siento lástima por la pobre Reina Wealtheow, esposa de Hrothgar y luego de Beowulf.

¡Snif! ¡Mis dos maridos me engañaron con Angelina Jolie!

Ya, ya, no llores. Mira, te voy a dar el teléfono de alguien. Se llama Jennifer Aniston. Seguro que ustedes tendrán mucho de qué hablar. Toma, aquí tienes un pañuelo. Bye-bye.

G. E.

9 de mayo de 2010

ME PRESENTO

¡Bienvenidos! Quizás me conozcan de Facebook o alguna otra comunidad, pero para los lectores nuevos, ésta soy yo:


Sí, todo ese pelo es mío :-) Tiene sus ventajas: me abriga en invierno, disimula mi enorme trasero, y cada tanto me gana algún cumplido de automovilistas babosos (el día que alguno se estrelle contra una columna por andar distraído, les pongo la foto).

Vivo en la República Oriental del Uruguay. Es un país chiquitito entre Argentina y Brasil que poca gente conoce. Sin embargo, es un país moderno, con magníficas ciudades y una población activa.


De acuerdo, lo admito, es un país medio deshabitado con más vacas que personas. Lo que pasa es que el aislamiento geográfico ha propiciado el desarrollo de vacas carnívoras que cada tanto se comen a la gente, por eso nuestra población no aumenta.


Pero no importa. Para algo estudié en la Facultad de Veterinaria, y ya tenemos planes de contingencia. Básicamente consisten en: a) exportar vacas vivas a China, ya que ahí tienen superpoblación de gente; b) cazar a las vacas usando como carnada a activistas de PETA; y c) criar unas ovejas gigantes genéticamente diseñadas para comer vacas carnívoras (se extinguirán naturalmente cuando se acabe su fuente de alimento).

Mi otro trabajo, no remunerado (todavía), es escribir. Es que tengo demasiadas ideas en la cabeza, y si no las dejara salir harían explotar mi cerebro, lo cual sería un tantito inconveniente. Además, mi madre ya me ha dicho que no quiere limpiar los sesos del piso. Aunque mi gato podría hacerse cargo de eso...


Y bueno, esto es todo por ahora. Que tengan un bonito día :-)


G. E.


Fragmento de LOBO DE LUNA

El joven nanok siguió el sonido del agua, pero entonces olió algo más que lo distrajo. ¿Qué era eso? No lo reconoció en absoluto.

A pesar de su curiosidad, Urkin fue precavido: avanzó hacia la fuente del olor moviéndose de árbol en árbol, aprovechando que su pelaje era marrón como la corteza. De su cinturón extrajo un cuchillo de piedra, por las dudas; en Kum, cualquier novedad podía ser agradable... o mortal.

Poco a poco se aproximó a un árbol más grueso que los demás, donde oyó el tenue flujo de una respiración. El olor pertenecía a un ser viviente.

Urkin rodeó el árbol, y en un hueco vio una mancha plateada y pequeña. Y asustada. El nanok lo supo por la forma en que la criatura estaba doblada sobre sí misma, como si tratara de contraerse hasta desaparecer.

Sin soltar el cuchillo, Urkin se acercó un poco más, y entonces la criatura levantó la cabeza. Urkin contuvo la respiración.

Era un cachorro de lobo. Pero no un lobo cualquiera sino un ekté, un lobo de luna. Urkin jamás había visto uno, pero sí algunos miembros de su clan, en noches de Aima llena. Así sabía que los ektén eran plateados y que tenían a Aima en los ojos.

¿Qué hacía el lobezno en el hueco del árbol? Los cachorros nunca andaban solos, ni siquiera los de esa especie.

—¿Te has perdido? —preguntó Urkin, y el animal se encogió sobre sí mismo, gimiendo. Era muy hermoso. Urkin guardó el cuchillo y extendió una mano en un gesto de amistad.

El lobezno se apretó contra el fondo del hueco. No parecía dispuesto a salir por las buenas, y Urkin no iba a forzarlo. El nanok se alejó del árbol y tomó asiento sobre una roca, decidido a esperar el tiempo que fuera necesario.

Había huellas más grandes que las del cachorro en el suelo, y también eran lobunas. ¿Su madre o padre? ¿Qué había pasado ahí exactamente? Si los ektén eran como los lobos de Kum, no abandonarían a un miembro de su jauría, mucho menos al otro lado de la luz azul.

—Me quedaré aquí hasta que alguien venga a buscarte —dijo Urkin al lobezno—. Y si nadie viene... tendré que llevarte conmigo. No puedo dejarte solo, morirías. ¿Entiendes algo de lo que estoy diciendo? Supongo que no. Espero que comprendas mi tono de voz, al menos.

El lobezno se limitó a mirarlo sin parpadear. Al cabo de un rato pareció estar un poco más calmado, y sus ojos se desviaron hacia el río. Urkin dedujo que debía de tener sed.

—Enseguida vuelvo.

El nanok fue hasta la orilla, arrancó una hoja grande y usó la misma como cuenco para recoger el agua. Urkin la olió primero, y sí, estaba buena. Regresó junto al árbol sosteniendo la hoja con ambas manos.

—Aquí tienes, lobo de luna —dijo el nanok, depositando la hoja frente al cachorro antes de volver a la roca.

El lobezno no bebió de inmediato, sino que palmo a palmo se deslizó hasta la hoja y una vez ahí tomó el agua con rápidos lengüetazos. Después retrocedió al hueco en el árbol.

—Puf. Ya veo que esto no será fácil. Pero créeme, no pienso hacerte daño.

Urkin empezó a cantar en voz baja, como hacía para sus primos a la hora de la siesta. El lobezno luchó por mantener los ojos abiertos, pero debía de estar cansado y se durmió al cabo de un rato. Urkin guardó silencio. Mientras esperaba le dio hambre, así que comió las bayas en su bolsita pensando que a la vuelta tendría que recoger más. Nadie apareció en todo ese lapso. Si el lobezno tenía familia, se hallaba fuera de su alcance.

El cachorro despertó hacia el atardecer. Quizás había pensado que su madre estaría ahí cuando abriera los ojos, porque miró en derredor y luego bajó la cabeza en un gesto de desilusión. Urkin sintió pena por él.

—Escucha, ya debo irme. ¿Quieres venir conmigo? Vamos, sígueme. —El cachorro no se movió—. Está bien, no me sigas. Pero yo volveré mañana, y si aún estás aquí, te traeré algo de comer. Adiós.

Al tiempo que decía todo esto, Urkin bajó de la roca y se alejó muy despacio del árbol. No quería dejar ahí al cachorro, pero el animalito tenía que decidir por sí mismo si aceptaba o no la invitación.

Urkin siguió caminando, le dio la espalda al árbol... y entonces escuchó pasos detrás de él. El nanok sonrió de alivio. Allí estaba el lobezno, con la cola entre sus patitas pero siguiéndolo por su propia voluntad.

—Bien hecho. Yo me encargaré de ti, pequeño.

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